domingo, 11 de septiembre de 2011

Cabo de la Vela - Uribia - Riohacha, día 6 (martes...¿?)


Sí. Martes. Sólo llevamos unos días de viaje y empieza uno a preguntarse por la fecha y el día...
Cómo será cuando arranquemos para el sur y las semanas se sucedan...

A las seis y media estuvimos listos para irnos del Cabo. En la ranchería Utta nuestro saludo de despedida y agradecimiento a quienes bien nos atendieros.
Los amigos de la empresa multivinel apenas se estaban levantando en el pueblo.  Mejor..., con eso podemos tomarles distancia con las motos.
Martha se quedó con ellos, las maletas de Abelardo también y tomamos rumbo al parque eólico.


La vía por el parque eólico es más larga, aunque se encuentra en mejor estado. Trilladita como nos advierte un muchacho. Y bien demarcada, sin riesgo de extravío. Incluso en varios sectores hay huellas hechas en concreto.  Vamos sin sobresalto.  A veces tomo la delantera para hacer fotos y espero a los amigos.  Conforme avanzamos las torres se hacen más grandes, como los  molinos de D. Quijote. 
Nosotros preferimos no pelear contra ellos.
Sólo nos acercamos a ver.

Rancherías de lado y lado. Pocas en realidad.  Con sus cabras, que se muestran curiosas a nuestro paso. 
La noche anterior parecía anunciar lluvia si bien no cayó una gota.
Recuerdo conversar con un joven en Utta, que nos habló de cómo los aguaceros hau aumentado en esa parte de la Guajira. Y sus casas no están hechas para soportar inviernos, así sean leves.  
Los techos y paredes de las casas de los wayuu se construyen con unos listones que obtienen del cactus, no supimos mediante qué proceso. 
Algunas tienen techo de zinc.

Estamos cerca de la vía férrea y a punto de encontrar la carretera que viene de Puerto Bolívar. Allí, donde embarcan carbón para la 'extranja'.  
Hemos seguido la red eléctrica que va hasta el Cabo. Cuando visiten hagan lo mismo, no tiene pierde.
Una tienda nos recuerda que el clima sigue siendo sofocante y paramos en busca de agua. Abelardo está tranquilo, viaja sin peso adicional, todo bien, todo bien...
Enrutamos hacia Uribia y el reloj nos marca las nueve. Buena hora. Marchamos a 50 km. 
Cuando hemos rodado buena parte del trayecto nos adelanta la camioneta de los amigos que llevan a Martha.
Echan pito:  deben ir a 120 km. como mínimo. Parece que estuviéramos detenidos sobre la vía.
Uribia ya no está lejos.
 

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