Quince minutos en motocicleta. Cuarenta minutos a pie. Ustedes escogen.
Igual íbamos muy despacio por el riesgo de caer en la arena suelta.
Un cerro de mediana altura empieza a verse a poco avanzar y ese es el detino de la mañana. Conforme nos acercamos los colores del suelo varían, hay unos cuantos arbustos de trupillo alrededor y el calor se hace más fuerte. Llegamos hasta donde se puede con las máquinas y aparece ante nosotros un bellísimo lugar, con el cerro de un lado y del otro, una playa de arena suave y el agua transparente que va del verde al azul claro. Precioso. Antes de ir al agua nos trepamos el cerro desde el cual se tiene una vista envidiable de la zona, con botes de pescadores, buques medianos y grandes a la distancia y las gaviotas que describen graciosas volteretas sobre nuestras cabezas.
Una vez abajo, despojados de ropa y con mucha gana nos vamos a la playa. La temperatura es ideal, han llegado algunos bañistas y hay mucha playa y mucha agua para compartir. Tan sólo Abelardo se abstiene del mar y prefiere esperarnos bajo un techo donde varias amigas y amigos wayuus venden cerveza fría, agua y tejidos.
Casi no hay oleaje y por fortuna es baja temporada. Tenemos esta bonita ensenada para nosotros. Discutimos con Abelardo si el término es ensenada. Creemos que sí. Alguno de ustedes que sepa más de accidentes costeros que nos ratifique o corrija, por favor.
Fotos, van fotos...
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