Es probable que parezca un anuncio o lo que llaman en los impresos un 'Infomercial' pero debo hacer un alto en esta serie de relatos para hablar de la marca Honda y su apoyo durante mi travesía.
Para comenzar, la elección que resultó acertada. Aún sin ser un experto en motocicletas (un serio aficionado sí) cuando tuve oportunidad de hacer un comparativo con máquinas parecidas de otras casas fabricantes y llegué a la conclusión de que la Honda CB 150 era la adecuada. Por: diseño, suspensión, ergonomía, frenos de disco en las dos ruedas, motor silencioso y acabados.
Después, ya sobre la ruta, el hecho significativo de que la marca Honda tiene presencia en casi todos los países de suramérica. Salvo Bolivia, en los demás sitios visitados por este motero, hallé respaldo, servicio técnico y acompañamiento. Para no mencionar las ocasiones en que dueños de concesionarios y gerentes de área tuvieron gestos de gran amabilidad para con el piloto.
Mencionaré Ecuador, con la visita que hicimos a Cuenca Motos y su atención especial.
Sigue Perú, donde la marca Honda nos abrió puertas de concesionarios y servicio técnico en todo el país, tanto a la ida como al regreso. Suma el hecho que la Invicta estaba en pleno lanzamiento y la travesía emprendida desde Colombia resultó provechoso para su publicidad.
Argentina: si bien este modelo no aparece entre sus máquinas, encontramos en la ciudad de Jujuy servicio técnico a precio especial, con mecánicos que conocen muy bien a su pariente la CBF 150.
Chile: interés permanente en este recorrido por tratarse de una moto que apenas llega a su mercado.
Y Colombia, Fanalca, Cali - Yumbo, donde no sólo me atendieron muy bien, revisaron la motocicleta e hicieron cambio de partes, sino, además, me invitaron a dar un 'tour' por la planta de ensamblaje para conocer desde adentro las intríngulis de las motos que luego vemos rodando en las calles de nuestro país.
Una cosa más: tras 26,000 kilómetros de recorrido total que cumplió mi Invicta, sólo ha sido menester el cambio de las siguientes partes: kit de arrastre, discos de embrague, rueda trasera, filtros y luz de freno.
Termino esta nota asegurando a quien esté pensando la compra de una motocicleta para calle o para viaje, que la Invicta resultó una máquina guerrera, capaz de enfrentar serios retos como los que debió soportar estos dos meses. Exigida a fondo y respondiendo con altura.
Gracias a todas y todos!
"Viajar es la mejor manera que existe para gastarse el dinero". Recojo esta frase de mi amigo argentino Ricky Juárez, motoquero por afición, y delaro que: a pie, en bici, en moto, en carro particular o público, los viajes ocupan un espacio muy importante en mi vida. Con o sin dinero, el asunto es secundario. Lo básico, que existan ganas, muchas ganas de moverse por el planeta que nos fue dado.
domingo, 29 de enero de 2012
En moto..., y por qué en moto ¿?
No han sido pocas las veces que me han interrogado sobre el particular. En especial las personas que tienen escasa o ninguna relación con esos vehículos de dos ruedas que parecen más asunto de cirqueros que otra cosa.
Para muchas y muchos el solo hecho del equilibrio les parece tema de malabaristas.
Y la respuesta se remonta unos treinta años atrás. Caramba, me asusta pensar que ya pasaron treinta años...
Recién iniciaba la secundaria. Colegio técnico industrial 'Francisco de Paula Santander' en Puente Nacional - Santander, Colombia (para más señas). Los colegios técnicos como seguramente conocen tienen distintas modalidades, entre ellas mecánica automotriz.
Una cierta pasión por los motores y las máquinas que se mueven con motores fue el punto de partida.
Hablo de comienzos de los ochenta. Hablo de caminos en tierra, de estudiantes que iban y venían por el plantel, de un pueblo iluminado a medias, de un cine que era la ventana hacia el mundo que había fuera de nuestro pequeño entorno.
Varios de los muchachos que asistían al colegio tenían motocicleta; llegaban en su máquina desde el campo o desde algún pueblo vecino. Llegaban zumbando, cubiertos de polvo en el verano o de barro cuando llovía. Y yo les observaba fascinado.
Dos ruedas, un motor, la silla, el faro, los mangos, un chasis como de cicla..., pero más rápido y potente.
Ahí, en ese punto de mi historia comencé a tener cariño por las motos.
En adelante no perdí oportunidad de acercarme a ellas, de indagar, de viajar como pasajero o, si había oportunidad, de darle encendido a alguna que hubiera quedado por ahí descuidada para darme una vuelta. Tal cual: si no me la prestaban había que tomarla!
Unos años más tarde llegó el primer carro a la casa (a nuestra casa) y la fiebre motera pareció quedar en el olvido. Ahora los esfuerzos, el cuidado y la consideración eran para aquel Renault 6 que tanto buen paseo nos dio.
Hace unos cuatro años, y pasados bastantes desde aquellas épocas de colegio, tuve ocasión de adquirir una motocicleta.
Y ni siquiera con el propósito viajero que hoy me anima. No. Se trató de un tema logístico y que por costos resultaba mejor.
Pero ese gusto por las motos que había alimentado en mi niñez no había muerto. Al contrario, surgió como un fénix y me impulsó a hacerme 'motero'. Al principio cortos recorridos en la región, visita a los pueblos, paseo de domingo...
Luego me animé a rodar hasta Bogotá y supe que podía intentar cada vez mayores distancias.
Vino lo de unos amigos que como yo habían soñado alguna vez con lo de suramérica y quién dijo miedo..., eso también se podía hacer en moto!
Entonces viene este viaje que acabo de terminar y que me deja en resumidas cuentas, las siguientes:
- La sensación de libertad que proporciona viajar en motocicleta no la da ningún auto, por sofisticado que sea.
- Las motos son máquinas sencillas que pueden repararse fácilmente y ponerse de nuevo en el camino (al menos motos como la mía).
- A pesar del esfuerzo, del cansancio, de los inconvenientes del clima o de la vía, el final de una jornada es algo que se recibe con aprecio.
- En la moto cargas lo necesario para sobrevivir determinado período de tiempo. Es como si llevaras la casa a cuestas. Y hay que llevar lo justo, nada más.
- Una mañana o una tarde de sol, con viento suave y paisaje variado, son la cosa más bella que puede pasarle a un conductor de motocicleta. El placer de conducción a través de una tranquila vía junto al mar, en medio de la montaña, por algún camino de tierra.., es inigualable.
- En jornadas de todo un día tras el timón, los espacios para pensar, para revisar lo que ha sido tu vida son ideales.
- Y además no tienes que estar pidiendo consentimiento a nadie para detenerte en el sitio que te vino en gana para hacer la foto del día, tomarte un sorbo de agua, vaciar la vejiga o, hacer una siesta bajo la sombra fresca de un árbol.
Chao, que descansen!
Para muchas y muchos el solo hecho del equilibrio les parece tema de malabaristas.
Y la respuesta se remonta unos treinta años atrás. Caramba, me asusta pensar que ya pasaron treinta años...
Recién iniciaba la secundaria. Colegio técnico industrial 'Francisco de Paula Santander' en Puente Nacional - Santander, Colombia (para más señas). Los colegios técnicos como seguramente conocen tienen distintas modalidades, entre ellas mecánica automotriz.
Una cierta pasión por los motores y las máquinas que se mueven con motores fue el punto de partida.
Hablo de comienzos de los ochenta. Hablo de caminos en tierra, de estudiantes que iban y venían por el plantel, de un pueblo iluminado a medias, de un cine que era la ventana hacia el mundo que había fuera de nuestro pequeño entorno.
Varios de los muchachos que asistían al colegio tenían motocicleta; llegaban en su máquina desde el campo o desde algún pueblo vecino. Llegaban zumbando, cubiertos de polvo en el verano o de barro cuando llovía. Y yo les observaba fascinado.
Dos ruedas, un motor, la silla, el faro, los mangos, un chasis como de cicla..., pero más rápido y potente.
Ahí, en ese punto de mi historia comencé a tener cariño por las motos.
En adelante no perdí oportunidad de acercarme a ellas, de indagar, de viajar como pasajero o, si había oportunidad, de darle encendido a alguna que hubiera quedado por ahí descuidada para darme una vuelta. Tal cual: si no me la prestaban había que tomarla!
Unos años más tarde llegó el primer carro a la casa (a nuestra casa) y la fiebre motera pareció quedar en el olvido. Ahora los esfuerzos, el cuidado y la consideración eran para aquel Renault 6 que tanto buen paseo nos dio.
Hace unos cuatro años, y pasados bastantes desde aquellas épocas de colegio, tuve ocasión de adquirir una motocicleta.
Y ni siquiera con el propósito viajero que hoy me anima. No. Se trató de un tema logístico y que por costos resultaba mejor.
Pero ese gusto por las motos que había alimentado en mi niñez no había muerto. Al contrario, surgió como un fénix y me impulsó a hacerme 'motero'. Al principio cortos recorridos en la región, visita a los pueblos, paseo de domingo...
Luego me animé a rodar hasta Bogotá y supe que podía intentar cada vez mayores distancias.
Vino lo de unos amigos que como yo habían soñado alguna vez con lo de suramérica y quién dijo miedo..., eso también se podía hacer en moto!
Entonces viene este viaje que acabo de terminar y que me deja en resumidas cuentas, las siguientes:
- La sensación de libertad que proporciona viajar en motocicleta no la da ningún auto, por sofisticado que sea.
- Las motos son máquinas sencillas que pueden repararse fácilmente y ponerse de nuevo en el camino (al menos motos como la mía).
- A pesar del esfuerzo, del cansancio, de los inconvenientes del clima o de la vía, el final de una jornada es algo que se recibe con aprecio.
- En la moto cargas lo necesario para sobrevivir determinado período de tiempo. Es como si llevaras la casa a cuestas. Y hay que llevar lo justo, nada más.
- Una mañana o una tarde de sol, con viento suave y paisaje variado, son la cosa más bella que puede pasarle a un conductor de motocicleta. El placer de conducción a través de una tranquila vía junto al mar, en medio de la montaña, por algún camino de tierra.., es inigualable.
- En jornadas de todo un día tras el timón, los espacios para pensar, para revisar lo que ha sido tu vida son ideales.
- Y además no tienes que estar pidiendo consentimiento a nadie para detenerte en el sitio que te vino en gana para hacer la foto del día, tomarte un sorbo de agua, vaciar la vejiga o, hacer una siesta bajo la sombra fresca de un árbol.
Chao, que descansen!
sábado, 28 de enero de 2012
CuartOscuro (IV)
Pide un deseo...
Había una vez..., unos reyes en un balcón
Al fondo, casa de gobierno, la sede del señor Ollanta Umala...
Había una vez..., unos reyes en un balcón
Al fondo, casa de gobierno, la sede del señor Ollanta Umala...
CuartOscuro (III)
El Centro Histórico de Lima es muy bello. Aprecien sus edificaciuones...
Se trata de varias Plazas ubicadas cerca una de otra...
Por tratarse de fin de año, la decoración y las luces añaden un toque especial...
Y para fortuna mía, logré hallar un hospedaje no muy caro cerca de allí...
Al comenzar el descenso hacia Lima encontré esta panorámica. Y el contraste: en primer plano una serie infinita de casuchas..., al fondo la bahía con edificios y el puerto...
Se trata de varias Plazas ubicadas cerca una de otra...
Por tratarse de fin de año, la decoración y las luces añaden un toque especial...
Y para fortuna mía, logré hallar un hospedaje no muy caro cerca de allí...
Al comenzar el descenso hacia Lima encontré esta panorámica. Y el contraste: en primer plano una serie infinita de casuchas..., al fondo la bahía con edificios y el puerto...
CuartOscuro (II)
Más fotos y mejores pueden conseguirse cuando uno viaja en motocicleta.
Pero, requeriría ese propósito estar deteniéndose de forma continua o bien, llevar un acompañante que 'disparara' su cámara al tiempo de rodar.
En fin, esto es lo que hay!
De paso por estos lugares recordaba las series y películas de vaqueros o 'western' que veía de niño. Perdidos en el desierto, muriendo de sed, con la garganta echa polvo...
Curiosa portada de un cementerio en medio de la nada. Polvo al polvo...
Y si de paisajes hablamos, este no podía pasar desapercibido a la mirada escrutadora del fotógrafo.
Las 'totoras' o naves que se fabrican con junco del mismo nombre y que empleaban desde tiempos inmemoriales los aborígenes de Bolivia y Perú.
El arte popular peruano tiene una de sus máximas expresiones en la decoración de los mototaxis. Cada propietario prepara cuidadosamente su máquina, le añade calcomanías, avisos y un nombre con qué identificarlo.
Este podría llamarse... 'rayo veloz'.
Pero, requeriría ese propósito estar deteniéndose de forma continua o bien, llevar un acompañante que 'disparara' su cámara al tiempo de rodar.
En fin, esto es lo que hay!
De paso por estos lugares recordaba las series y películas de vaqueros o 'western' que veía de niño. Perdidos en el desierto, muriendo de sed, con la garganta echa polvo...
Curiosa portada de un cementerio en medio de la nada. Polvo al polvo...
Y si de paisajes hablamos, este no podía pasar desapercibido a la mirada escrutadora del fotógrafo.
Las 'totoras' o naves que se fabrican con junco del mismo nombre y que empleaban desde tiempos inmemoriales los aborígenes de Bolivia y Perú.
El arte popular peruano tiene una de sus máximas expresiones en la decoración de los mototaxis. Cada propietario prepara cuidadosamente su máquina, le añade calcomanías, avisos y un nombre con qué identificarlo.
Este podría llamarse... 'rayo veloz'.
CuartOscuro...
El desierto resulta muy llamativo..., los primeros 500 kilómteros. Luego empieza uno a encontrarlo monótono y hasta aburridor. Aunque ahora cuando repaso las imágenes su belleza vuelve a inpactarme.
La vía Panamericana o simplemente la 'Pana' como se la conoce entre sus habituales circulantes. Cuadrillas de hombres trabajan a diario para mantenerla libre de arena, en un esfuerzo sinfin...
Aunque no se trataba de un vehículo grande y poderoso, seguramente la fe de su dueño hacía de el todo un 'tractor'...
Plaza de mercado o 'mercado de abastos' situada en Huanchaco, a quince minutos de Trujillo en Perú.
Típico plato peruano de exquisito sabor: 'ají de gallina con papa a la huancaína' Delicioso!
La vía Panamericana o simplemente la 'Pana' como se la conoce entre sus habituales circulantes. Cuadrillas de hombres trabajan a diario para mantenerla libre de arena, en un esfuerzo sinfin...
Aunque no se trataba de un vehículo grande y poderoso, seguramente la fe de su dueño hacía de el todo un 'tractor'...
Plaza de mercado o 'mercado de abastos' situada en Huanchaco, a quince minutos de Trujillo en Perú.
Típico plato peruano de exquisito sabor: 'ají de gallina con papa a la huancaína' Delicioso!
Colombia es pasión...
Por supuesto suena a eslogan de campaña publicitaria. De campaña que busca atraer turistas apelando a ese lado 'exultante' de nuestro colombianismo.
Pero, hay algo de ello. Al menos en esta nota. Nota que además escribo de vuelta en el país. Tras 57 días de viaje puse 'rueda en tierra' y sonreí complacido.
Complacido de estar acá de nuevo, complacido de lo que había vivido en los casi dos meses anteriores.
Me sucedió (no sé a ustedes, amigas y amigos de este blog) que sólo yendo fuera del territorio por un tiempo y teniendo ocasión de ver y sentir otras culturas, otros paisajes, otros sabores, otro aire incluso, entiendo lo que llaman el sentimiento patrio. Ese lazo, ese cordón umbilical que une al individuo con la tierra donde dio sus primeros pasos y que le vio crecer y hacerse adulto (no digo bueno, ni malo, ni bonito, ni feo...).
Aunque el planeta es uno y nuestra América se parece mucho en variados aspectos, el apego por lo que conocemos y nos es familiar se impone. También puede suceder y soy consciente de ello, que se trata de una mirada provincial, parroquiana... No he sido persona de viajes, aunque en mí habita un viajero desde que tengo recuerdo. Siempre he sido un viajero en potencia...
Mas llega el momento de salir y vienen las comparaciones, las pruebas, el examen de los sentidos..., y algo que se llama nostalgia hace eco en lo profundo del alma y es casi imposible no exhalar un suspiro, si digo más!
'Colombia es pasión', quizá; quizá sea una frase que se usa para apelar a nuestro instinto, para justificar lo que de otra manera no tiene una explicación clara, justa, razonable.
Con apasionamiento he de decir que me siento a gusto tras 16,000 kilómetros de estar sentado en el sillín de mi motocicleta, de haber recorrido con ella cinco países de Suramérica, de haber rodado vías de toda condición, de haber regresado con los huesos sanos, de haber puesto a prueba mi instinto de supervivencia, de conseguir así fuera parcialmente (me faltaron 4 países) el cumplimiento de un sueño que estuvo guardado por largos 20 años.
Y mientras el cuerpo aguante y habite en mí el espíritu de aventura, tendré relatos que contar a mi familia, amigos y conocidos, de otros viajes y otras experiencias que viva en el futuro.
Ojalá en el futuro cercano.
A todas y todos gracias por su apoyo incondicional y mi aliento porque así como yo, realicen también sus planes, cualesquiera que ellos sean!
Pdta.: vendrán fotos...
Pero, hay algo de ello. Al menos en esta nota. Nota que además escribo de vuelta en el país. Tras 57 días de viaje puse 'rueda en tierra' y sonreí complacido.
Complacido de estar acá de nuevo, complacido de lo que había vivido en los casi dos meses anteriores.
Me sucedió (no sé a ustedes, amigas y amigos de este blog) que sólo yendo fuera del territorio por un tiempo y teniendo ocasión de ver y sentir otras culturas, otros paisajes, otros sabores, otro aire incluso, entiendo lo que llaman el sentimiento patrio. Ese lazo, ese cordón umbilical que une al individuo con la tierra donde dio sus primeros pasos y que le vio crecer y hacerse adulto (no digo bueno, ni malo, ni bonito, ni feo...).
Aunque el planeta es uno y nuestra América se parece mucho en variados aspectos, el apego por lo que conocemos y nos es familiar se impone. También puede suceder y soy consciente de ello, que se trata de una mirada provincial, parroquiana... No he sido persona de viajes, aunque en mí habita un viajero desde que tengo recuerdo. Siempre he sido un viajero en potencia...
Mas llega el momento de salir y vienen las comparaciones, las pruebas, el examen de los sentidos..., y algo que se llama nostalgia hace eco en lo profundo del alma y es casi imposible no exhalar un suspiro, si digo más!
'Colombia es pasión', quizá; quizá sea una frase que se usa para apelar a nuestro instinto, para justificar lo que de otra manera no tiene una explicación clara, justa, razonable.
Con apasionamiento he de decir que me siento a gusto tras 16,000 kilómetros de estar sentado en el sillín de mi motocicleta, de haber recorrido con ella cinco países de Suramérica, de haber rodado vías de toda condición, de haber regresado con los huesos sanos, de haber puesto a prueba mi instinto de supervivencia, de conseguir así fuera parcialmente (me faltaron 4 países) el cumplimiento de un sueño que estuvo guardado por largos 20 años.
Y mientras el cuerpo aguante y habite en mí el espíritu de aventura, tendré relatos que contar a mi familia, amigos y conocidos, de otros viajes y otras experiencias que viva en el futuro.
Ojalá en el futuro cercano.
A todas y todos gracias por su apoyo incondicional y mi aliento porque así como yo, realicen también sus planes, cualesquiera que ellos sean!
Pdta.: vendrán fotos...
domingo, 22 de enero de 2012
Perú quedó atrás..., y qué me dejó Perú
En la mañana, a eso de las once y treinta Perú quedó atrás, al pasar la frontera con Ecuador. Tuve sensaciones encontradas. De un lado tranquilidad. De otro lado, nostalgia.
Tranquilidad: dejamos el tráfico de locos que caracteriza la mayoría de sus ciudades, el pito incesante y los traviesos mototaxis que entran y salen de todos lados como avispas en un panal..., y está el tema de la policía, siempre pendiente de saltar encima a los extranjeros para ver cómo obtienen alguna cosita (con buenas maneras eso sí...).
Nostalgia: la comida peruana difícilmente tiene igual (entre las que conozco). Las distintas maneras de preparar alimentos y sus presentaciones, el sabor que imprimen a cada plato, el uso de especies..., fascinante. Sin ser conocedor, de lejos se lleva a los países vecinos...; las personas con quienes tratamos, en general amables y consideradas. Toda la colaboración que recibí de Honda Perú, gente que no dudó en apoyar este viaje durante el recorrido por su país, tanto de ida como de regreso...; Las plazas de mercado, coloridas, abundantes, baratas, sabrosas...
Ahora voy (vamos) a darnos el tour por la costa ecuatoriana.
Hicimos escala en Guayaquil. Ciudad de la que había oído hablar varias veces.
Y ha valido la pena. Es la segunda en tamaño de Ecuador con cerca de tres millones de habitantes. Esta situada junto al río Guayas de donde deriva su nombre.
Veamos: amplias vías, excelente ruta de acceso, un puente de casi dos kilómetros que permite acceder al otro lado de la ciudad, túneles interiores, transporte masivo con buena pinta, un malecón bellísimo que incluye centro cultural de primera, faro en la parte alta de la ciudad con escalinatas de acceso donde están los sitios de rumba..., estoy gratamente sorprendido de lo que he visto!
Ecuador merece visitarse con más tiempo para escudriñar cada espacio de su variada geografía. Y la economía ayuda: gasolina a dólar el galón, comidas a partir de dólar y medio, hospedaje a díez dólares (hacia arriba), el asunto promete...
Tranquilidad: dejamos el tráfico de locos que caracteriza la mayoría de sus ciudades, el pito incesante y los traviesos mototaxis que entran y salen de todos lados como avispas en un panal..., y está el tema de la policía, siempre pendiente de saltar encima a los extranjeros para ver cómo obtienen alguna cosita (con buenas maneras eso sí...).
Nostalgia: la comida peruana difícilmente tiene igual (entre las que conozco). Las distintas maneras de preparar alimentos y sus presentaciones, el sabor que imprimen a cada plato, el uso de especies..., fascinante. Sin ser conocedor, de lejos se lleva a los países vecinos...; las personas con quienes tratamos, en general amables y consideradas. Toda la colaboración que recibí de Honda Perú, gente que no dudó en apoyar este viaje durante el recorrido por su país, tanto de ida como de regreso...; Las plazas de mercado, coloridas, abundantes, baratas, sabrosas...
Ahora voy (vamos) a darnos el tour por la costa ecuatoriana.
Hicimos escala en Guayaquil. Ciudad de la que había oído hablar varias veces.
Y ha valido la pena. Es la segunda en tamaño de Ecuador con cerca de tres millones de habitantes. Esta situada junto al río Guayas de donde deriva su nombre.
Veamos: amplias vías, excelente ruta de acceso, un puente de casi dos kilómetros que permite acceder al otro lado de la ciudad, túneles interiores, transporte masivo con buena pinta, un malecón bellísimo que incluye centro cultural de primera, faro en la parte alta de la ciudad con escalinatas de acceso donde están los sitios de rumba..., estoy gratamente sorprendido de lo que he visto!
Ecuador merece visitarse con más tiempo para escudriñar cada espacio de su variada geografía. Y la economía ayuda: gasolina a dólar el galón, comidas a partir de dólar y medio, hospedaje a díez dólares (hacia arriba), el asunto promete...
martes, 17 de enero de 2012
La sangre nueva...
Hoy ha sido un día importante. Hemos podido cruzar Lima, esa ciudad con un tráfico endiablado, después de dos horas de intenso estrés en medio de los pitazos de cientos de automovilistas.
Y digo 'hemos' por lo que sigue: ayer lunes, mientras rodaba de Nazca hacia Ica, me topé en el camino con un motero que conducía una máquina más chica que la mía: Suzuki 125 c.c. Conversando un poco me contó que venía de Argentina. Córdoba, exactamente. Partió de su ciudad hará unos 20 días y piensa recorrer suramérica a la inversa de mis planes. Es decir, sube a Colombia, cruza Venezuela y se devuelve por Brasil, Paraguay, Uruguay..., el plan completo.
Y apenas es un jovencito de 20 años que hace su primer viaje en moto de largo aliento; casi 20,000 kilómetros hasta la vuelta a su casa.
Si así es a su edad, cuando tenga la mía habrá cruzado el orbe varias veces...
En fin, después de charlar un poco más decidimos hacer camino juntos hasta Colombia.
El 'pibe' está entusiasmado. No le asusta el viaje, ni las distancias, ni los peligros que pueda encontrarse por el camino. Estos muchachos se crían con un espíritu fuerte y están listos para irse de casa a la menor oportunidad. Además, tiene un papá motero que acaba de irse hacia la Patagonia y que alienta las iniciativas de su hijo...
Me recuerda a mi hijo. Diego Francisco está a punto de cumplir los veinte. Me gustaría verlo recorriendo el mundo en los años venideros..., no necesariamente en moto. Hace falta que a uno le guste el tema de los motores, el camino, la soledad de la pista y el riesgo...
Gastón Marcó, así se llama el 'pibe' motero tiene ya pensada su próxima ruta. Quiere recorrer Africa, cómo les parece amigas y amigos de este blog.
La tarde nos 'pilló' en Huancho, a dos horas de Lima; más tranquilo, relajado, sin la locura que padece una ciudad de casi 11 millones de habitantes donde el 'claxon' parece el medio (eso creen) de abrirse paso entre el tráfico. Exasperante, absurdo y enfermizo...
Mis cálculos arrojan que en unos tres días estaremos tocando suelo ecuatoriano. Esta vez la ruta será costera. Playa, brisa y mar hasta Esmeraldas. Luego, vuelta a la sierra hasta Quito y de ahí a buscar la frontera con Colombia pasando por Ibarra.
Unos cuatro días más...
Mientras manejaba esta mañana pensaba lo siguiente: tras sesenta días de conducción casi continua me habituaré de nuevo a la vida tranquila del pueblo, a pasar mucho tiempo en un mismo sitio..., o me habrá inoculado ya el bicho del viaje; habré contraído la enfermedad del nómada y me negaré a permanecer más de lo necesario en algún sitio..., habitará en mí sangre gitana...¿?
Es una sensación rara pero al mismo tiempo es una sensación interesante; más que interesante, de mucha espectativa. No saber con precisión el sitio al que te conducirá el día siguiente, la gente que verás, el espacio donde habrás de pasar la noche, la comida (si la hay), el obstáculo por salvar.
Y conociendo el relato de viajeros jóvenes como el que me acompaña, que apenas inicia su tour por el camino de la vida, me entran terribles ganas de aprovechar hasta el último aliento para vistar los lugares que aún no conozco.
Chao!
Y digo 'hemos' por lo que sigue: ayer lunes, mientras rodaba de Nazca hacia Ica, me topé en el camino con un motero que conducía una máquina más chica que la mía: Suzuki 125 c.c. Conversando un poco me contó que venía de Argentina. Córdoba, exactamente. Partió de su ciudad hará unos 20 días y piensa recorrer suramérica a la inversa de mis planes. Es decir, sube a Colombia, cruza Venezuela y se devuelve por Brasil, Paraguay, Uruguay..., el plan completo.
Y apenas es un jovencito de 20 años que hace su primer viaje en moto de largo aliento; casi 20,000 kilómetros hasta la vuelta a su casa.
Si así es a su edad, cuando tenga la mía habrá cruzado el orbe varias veces...
En fin, después de charlar un poco más decidimos hacer camino juntos hasta Colombia.
El 'pibe' está entusiasmado. No le asusta el viaje, ni las distancias, ni los peligros que pueda encontrarse por el camino. Estos muchachos se crían con un espíritu fuerte y están listos para irse de casa a la menor oportunidad. Además, tiene un papá motero que acaba de irse hacia la Patagonia y que alienta las iniciativas de su hijo...
Me recuerda a mi hijo. Diego Francisco está a punto de cumplir los veinte. Me gustaría verlo recorriendo el mundo en los años venideros..., no necesariamente en moto. Hace falta que a uno le guste el tema de los motores, el camino, la soledad de la pista y el riesgo...
Gastón Marcó, así se llama el 'pibe' motero tiene ya pensada su próxima ruta. Quiere recorrer Africa, cómo les parece amigas y amigos de este blog.
La tarde nos 'pilló' en Huancho, a dos horas de Lima; más tranquilo, relajado, sin la locura que padece una ciudad de casi 11 millones de habitantes donde el 'claxon' parece el medio (eso creen) de abrirse paso entre el tráfico. Exasperante, absurdo y enfermizo...
Mis cálculos arrojan que en unos tres días estaremos tocando suelo ecuatoriano. Esta vez la ruta será costera. Playa, brisa y mar hasta Esmeraldas. Luego, vuelta a la sierra hasta Quito y de ahí a buscar la frontera con Colombia pasando por Ibarra.
Unos cuatro días más...
Mientras manejaba esta mañana pensaba lo siguiente: tras sesenta días de conducción casi continua me habituaré de nuevo a la vida tranquila del pueblo, a pasar mucho tiempo en un mismo sitio..., o me habrá inoculado ya el bicho del viaje; habré contraído la enfermedad del nómada y me negaré a permanecer más de lo necesario en algún sitio..., habitará en mí sangre gitana...¿?
Es una sensación rara pero al mismo tiempo es una sensación interesante; más que interesante, de mucha espectativa. No saber con precisión el sitio al que te conducirá el día siguiente, la gente que verás, el espacio donde habrás de pasar la noche, la comida (si la hay), el obstáculo por salvar.
Y conociendo el relato de viajeros jóvenes como el que me acompaña, que apenas inicia su tour por el camino de la vida, me entran terribles ganas de aprovechar hasta el último aliento para vistar los lugares que aún no conozco.
Chao!
domingo, 15 de enero de 2012
Retomo el uso horario...
Otra vez puedo revisar la hora en el tablero de la moto sabiendo que coincide con el uso horario del país que recorro y con el país de donde vengo. Sucedió ayer sábado, después de abandonar Arica y cruzar la frontera con Perú, en Tacna. Curiosamente el trámite de aduana y de migración fue mucho más rápido que a la entrada por Ecuador. Además hay una construcción grande con espacios suficientes y las personas no tienen que esperar su turno bajo el sol. Eso está bien.
La SUNAT, el servicio de aduanas de Perú me ha dado un plazo de 9 días para cruzar el país. Hasta el 23 de enero. Está bien. Creo que en cinco días puedo tocar frontera. Despacio, sin apresurarme. Con un promedio de 500 kilómetros diarios.
Ayer sábado visité a la gente de Honda en Tacna y después de contar mi historia me ayudaron gentilmente: mantenimiento a la máquina e invitación al conductor. El dueño del concesionario me convidó a acompañarlo a él, a su hermano y a un grupo de amigos a su casa en la playa, a una hora de camino. Boca de Río se llama el lugar, el balneario de Tacna.
El asunto estuvo muy bien. Hubo verceza, vino chileno, entrada de chicharrón de pescado con ensalada y como plato fuerte 'pez dorado' con aderezos. Exquisito.
Esta mañana tomé camino a las 7:30 y conduje hasta las 4. La tarde me sorprendió en un sitio cualquiera de la panamericana. Se llama Camaná, sin demasiados atractivos, pero más cerca a la frontera norte que antes.
Aunque el verano está metido en Perú, las temperaturas ni se comparan con el calor en Argentina. Aquí es muy llevadero. El viento frío del pacífico ayuda a refrescar la marcha y sólo cuando me detengo en alguna parte vuelvo a sentir un sol fuerte.
En Perú no anochece tan tarde: a las 6:30 se 'apaga' el foco. También baja la temperatura y después de las 9 de la noche hay que ponerse saco.
Mañana quizá haga el trayecto hasta Nasca, que está a unas seis horas.
Me alegra haberles compartido este otro capítulo de viaje. Espero compartirles fotografías la siguiente vez.
Con cariño, Nelson Piñarte
La SUNAT, el servicio de aduanas de Perú me ha dado un plazo de 9 días para cruzar el país. Hasta el 23 de enero. Está bien. Creo que en cinco días puedo tocar frontera. Despacio, sin apresurarme. Con un promedio de 500 kilómetros diarios.
Ayer sábado visité a la gente de Honda en Tacna y después de contar mi historia me ayudaron gentilmente: mantenimiento a la máquina e invitación al conductor. El dueño del concesionario me convidó a acompañarlo a él, a su hermano y a un grupo de amigos a su casa en la playa, a una hora de camino. Boca de Río se llama el lugar, el balneario de Tacna.
El asunto estuvo muy bien. Hubo verceza, vino chileno, entrada de chicharrón de pescado con ensalada y como plato fuerte 'pez dorado' con aderezos. Exquisito.
Esta mañana tomé camino a las 7:30 y conduje hasta las 4. La tarde me sorprendió en un sitio cualquiera de la panamericana. Se llama Camaná, sin demasiados atractivos, pero más cerca a la frontera norte que antes.
Aunque el verano está metido en Perú, las temperaturas ni se comparan con el calor en Argentina. Aquí es muy llevadero. El viento frío del pacífico ayuda a refrescar la marcha y sólo cuando me detengo en alguna parte vuelvo a sentir un sol fuerte.
En Perú no anochece tan tarde: a las 6:30 se 'apaga' el foco. También baja la temperatura y después de las 9 de la noche hay que ponerse saco.
Mañana quizá haga el trayecto hasta Nasca, que está a unas seis horas.
Me alegra haberles compartido este otro capítulo de viaje. Espero compartirles fotografías la siguiente vez.
Con cariño, Nelson Piñarte
viernes, 13 de enero de 2012
Cuando pa' Chile me voy...
Tan sólo he tenido oportunidad de recorrer la parte norte de este país. La parte árida, desértica, desolada aunque también hermosa. La zona donde están los grandes yacimientos y extracciones de minerales. Donde el polvo vuela y se confunde con el humo de los camiones que surcan las autopistas...
Después que dejé Argentina a través del Paso de Jama, volví a sentir el frío de unas semanas atrás; y haciéndome a un lado en la vía, busqué entre mis cosas para ponerme encima lo que llevaba...; y las manos volvieron a entumecerse y el cuerpo a temblar de forma involuntaria.
Después de unas horas me habitué. La que no pudo fue mi motocicleta. En el sitio de frontera Argentina - Chile un letrero señalaba 4,300 msnm. El ascenso continuó aún más y calculo que llegué a los 4,700 (o muy cerca). La moto tosió, se 'apunó' como dicen por estos lados y en varios sectores no hubo otra que marchar en segunda y hasta en primera. Ese trayecto hasta antes de comenzar a bajar hacia San Pedro de Atacama tiene paisajes muy bellos. Montañas de colores, graciosas figuras, montes con nieves perpetuas, piedras que parecen talladas, lagos de color verde y riachuelos que se desgranan de las alturas...
Más adelante el panorama es otro. A partir de San Pedro de Atacama y cuando se dejan atrás sus atractivos naturales (geiseres, valle de la luna, termales, cactus gigantes, etc.) la visual cambia drásticamente.
Aparace entonces la zona de minería con la geografía hecha polvo, y el paisaje es reemplazado por maquinaria de una y otra especie, redes de alta tensión, mallas que encierran la propiedad, avisos, vallas de anuncios y una carretera Panamericana por donde circulan miles de vehículos...
Y está el mar. Ustedes habrán visto en nuestros ríos (no todos) contaminados de Colombia, cómo se forman colchones de espuma sobre el agua; que evidencian presencia de sustancias tóxicas...
Eso he visto en la costa de esta parte del país. Junto a la playa el oleaje mece los espumarajos que son producto de desechos industriales que las empresas arrojan al mar. Y no me estoy inventando lo anterior. Casualmente me senté a la misma mesa (a la hora del almuerzo) con una persona que repara maquinaria pesada para las mineras. Al comentarle lo que ví, fue él quien me aclaró el por qué de esas espumas. Para rematar lo que pasa con el mar, agregó el señor, las industrias pesqueras también botan sus desechos al agua; sin importarles nada.
Una lástima, pero cierto...
Luego de mi almuerzo en Iquique, ese es el nombre de la ciudad donde me detuve, continué rumbo Arica, en la frontera con Perú. Debo aclarar que mi paso por Chile estuvo dividido en dos: jornada uno hasta San Pedro Atacama; jornada dos: hasta Arica.
Entre Iquique y Arica hay 300 km. Y ascensos y planicies donde sopla un viento muy fuerte, tanto que se levanta una nube de polvo que parece neblina. Y no deja ver nada, y además está el hecho de los camiones que vienen en el sentido contrario y lo mecen a uno como si fuese una cometa...; hay que agarrar el timón con toda la fuerza para no caer.
A Arica llegué con un mínimo de gasolina, casi vacío el tanque. Aunque la distancia no supera la capacidad de rendimiento de la moto, los vientos en contra lo frenan a uno y la máquina trabaja más. El consumo por consiguiente aumenta.
Los últimos 40 kilómetros me vine haciendo cruces para que la gasolina alcanzara. Y es que entre ciudad y ciudad o entre pueblo y pueblo no hay nada, pero nada de nada. Y yo pensaba: si me quedo sin combustible qué? Quedarme en el camino a la espera de un buen samaritano...
Por fortuna logré llegar a la ciudad y de una al primer surtidor; y llénelo todo por favor!
Arica, le dicen la 'ciudad de la eterna primavera'. Le salió competencia a Medellín. Aunque, dejando a un lado el 'colombianismo', nada que ver... Medellín es un paraíso.
Respecto a esto último, ahora que he salido un poco de Colombia (apenas empiezo) me doy
cuenta que tenemos un bonito lugar allí, saben...
Y veo tanto extranjero de todas partes gastándose sus ahorros en los sitios que visito y pienso: que tiene este lugar que no tenga Colombia y que desmerezca frente a este ¿?
También he conversado con distintos viajeros que han pasado por Colombia y todos a una me dicen que les encanta, que los trataron muy bien, que la gente muy agradable, que Barichara hermoso, que las mujeres esto y lo otro...
El australiano que conocimos en Trujillo (Perú) me dijo: conozco más de 80 países del mundo. Después de visitar a Colombia por 3 meses lo tengo entre mis favoritos!
Una muestra del aprecio que sienten por nuestro país y por nuestra gente...
A ver si nos tomamos en serio el turismo y nos dedicamos al fomento de nuestros atractivos.
Esa industria bien administrada puede durarnos toda la vida...
Otras como la minería quién sabe; si no, que lo diga Chile, convertido en un socavón (buena parte de él).
Chao amigas y amigos!
Después que dejé Argentina a través del Paso de Jama, volví a sentir el frío de unas semanas atrás; y haciéndome a un lado en la vía, busqué entre mis cosas para ponerme encima lo que llevaba...; y las manos volvieron a entumecerse y el cuerpo a temblar de forma involuntaria.
Después de unas horas me habitué. La que no pudo fue mi motocicleta. En el sitio de frontera Argentina - Chile un letrero señalaba 4,300 msnm. El ascenso continuó aún más y calculo que llegué a los 4,700 (o muy cerca). La moto tosió, se 'apunó' como dicen por estos lados y en varios sectores no hubo otra que marchar en segunda y hasta en primera. Ese trayecto hasta antes de comenzar a bajar hacia San Pedro de Atacama tiene paisajes muy bellos. Montañas de colores, graciosas figuras, montes con nieves perpetuas, piedras que parecen talladas, lagos de color verde y riachuelos que se desgranan de las alturas...
Más adelante el panorama es otro. A partir de San Pedro de Atacama y cuando se dejan atrás sus atractivos naturales (geiseres, valle de la luna, termales, cactus gigantes, etc.) la visual cambia drásticamente.
Aparace entonces la zona de minería con la geografía hecha polvo, y el paisaje es reemplazado por maquinaria de una y otra especie, redes de alta tensión, mallas que encierran la propiedad, avisos, vallas de anuncios y una carretera Panamericana por donde circulan miles de vehículos...
Y está el mar. Ustedes habrán visto en nuestros ríos (no todos) contaminados de Colombia, cómo se forman colchones de espuma sobre el agua; que evidencian presencia de sustancias tóxicas...
Eso he visto en la costa de esta parte del país. Junto a la playa el oleaje mece los espumarajos que son producto de desechos industriales que las empresas arrojan al mar. Y no me estoy inventando lo anterior. Casualmente me senté a la misma mesa (a la hora del almuerzo) con una persona que repara maquinaria pesada para las mineras. Al comentarle lo que ví, fue él quien me aclaró el por qué de esas espumas. Para rematar lo que pasa con el mar, agregó el señor, las industrias pesqueras también botan sus desechos al agua; sin importarles nada.
Una lástima, pero cierto...
Luego de mi almuerzo en Iquique, ese es el nombre de la ciudad donde me detuve, continué rumbo Arica, en la frontera con Perú. Debo aclarar que mi paso por Chile estuvo dividido en dos: jornada uno hasta San Pedro Atacama; jornada dos: hasta Arica.
Entre Iquique y Arica hay 300 km. Y ascensos y planicies donde sopla un viento muy fuerte, tanto que se levanta una nube de polvo que parece neblina. Y no deja ver nada, y además está el hecho de los camiones que vienen en el sentido contrario y lo mecen a uno como si fuese una cometa...; hay que agarrar el timón con toda la fuerza para no caer.
A Arica llegué con un mínimo de gasolina, casi vacío el tanque. Aunque la distancia no supera la capacidad de rendimiento de la moto, los vientos en contra lo frenan a uno y la máquina trabaja más. El consumo por consiguiente aumenta.
Los últimos 40 kilómetros me vine haciendo cruces para que la gasolina alcanzara. Y es que entre ciudad y ciudad o entre pueblo y pueblo no hay nada, pero nada de nada. Y yo pensaba: si me quedo sin combustible qué? Quedarme en el camino a la espera de un buen samaritano...
Por fortuna logré llegar a la ciudad y de una al primer surtidor; y llénelo todo por favor!
Arica, le dicen la 'ciudad de la eterna primavera'. Le salió competencia a Medellín. Aunque, dejando a un lado el 'colombianismo', nada que ver... Medellín es un paraíso.
Respecto a esto último, ahora que he salido un poco de Colombia (apenas empiezo) me doy
cuenta que tenemos un bonito lugar allí, saben...
Y veo tanto extranjero de todas partes gastándose sus ahorros en los sitios que visito y pienso: que tiene este lugar que no tenga Colombia y que desmerezca frente a este ¿?
También he conversado con distintos viajeros que han pasado por Colombia y todos a una me dicen que les encanta, que los trataron muy bien, que la gente muy agradable, que Barichara hermoso, que las mujeres esto y lo otro...
El australiano que conocimos en Trujillo (Perú) me dijo: conozco más de 80 países del mundo. Después de visitar a Colombia por 3 meses lo tengo entre mis favoritos!
Una muestra del aprecio que sienten por nuestro país y por nuestra gente...
A ver si nos tomamos en serio el turismo y nos dedicamos al fomento de nuestros atractivos.
Esa industria bien administrada puede durarnos toda la vida...
Otras como la minería quién sabe; si no, que lo diga Chile, convertido en un socavón (buena parte de él).
Chao amigas y amigos!
miércoles, 11 de enero de 2012
Vuelta atrás...
Estoy en Jujuy.
La misma ciudad desde donde escribí la última vez en este blogg.
El sitio donde conocimos a los moteros amables que nos hicieron sentir en casa.
Voy iniciando el camino de retorno. Después de haber visitado a 'vuelo de moto' las provincias de Tucumań, La Rioja, Córdoba y Catamarca...
Algunas muy áridas y desérticas, en medio del polvo. Otras como Córdoba, verdes y ordenadas, más el estilo europeo del que nos hablaron los amigos...
En Córdoba visité un par de poblados que recomiendo: Villa Dolores y Villa de Soto. En el último pasé la noche: tranquilo, agradable, lleno de árboles y con gente cálida como en el resto del país (al menos lo visto).
A la altura de Chepes (La Rioja), mi compañero de ruta y yo nos separamos. No es fácil sobrellevar una aventura de este tipo juntos cuando se tienen medianas o grandes diferencias. Entonces cortamos por lo sano, antes de entrar en roces y discusiones.
Además el dinero que traía ha marcado la mitad. Y cuando los 'haberes' llegan a la mitad, eso indica que es tiempo del regreso.
Tengo la fuerte impresión de que este es el primero de una serie de viajes para el resto de mi vida.
De hecho me propongo al volver: generar ingresos, ahorrar y en dos o tres años regresar a la ruta.
Este tipo de viajes deja sembrado en el espítitu una suerte de hábito, al que no habrá sino que darle un motivo, pequeño, grande, el que sea, para adentrarse en uno nuevo.
'Viajar es la mejor manera que hay de gastarse el dinero' dice Ricky Juárez y ya quedé convencido de ello.
Pero veamos:
Argentina deja en mí algunas impresiones que pueden ser más o menos ciertas, acorde con el poco tiempo que he pasado en ella. En mucho han servido las conversaciones que he tenido con amigos ruteros.
1.- Salvo la provincia de Buenos Aires y la ciudad del mismo nombre, el resto del país es muy seguro, muy tranquilo. No existe el afán entre las personas del robo, del atraco, del hurto a sus residencias. Aunque puede pasar... de manera esporádica.
2.- La economía no está bien. No viene bien desde hace años. Está un poco mejor que en la época del 'corralito' cuando los bancos 'secuestraron' los ahorros de las personas y se los fueron devolviendo en la medida que quisieron o pudieron.
Se vive una fuerte inflación, los precios varían constantemente, hay escasez de circulante (sobretodo monedas y bajas denominaciones), la gasolina (nafta) cuesta más que en Colombia; muchas veces están desabastecidos los surtidores o hay largas filas para poner combustible. En general he percibido carestía en los productos básicos y la gente se las arregla para 'sobrevivir', la mayoría de ellos...
Agrégole a esto último el 'espíritu' de los gauchos que los ayuda a llevar con cierta gracia sus pesares.
3.- Vías en excelente estado, a la manera de los países que hemos visitado antes. Argentina ha de tener 4 veces (quizá) el tamaño de Colombia y en muchos sectores sus rectas son interminables. La mayor parte del territorio es plano y eso ayuda a que se mantenga la red vial. Las velocidades permitidas oscilan entre 80, 90 y 110; depende de si es camión, autobús (colectivo) o automóvil.
4.- En esta zona del norte se siente fuerte la influencia de la migración boliviana. Muchos rasgos del vecino país entre sus gentes. En la medida que se va al sur la fisonomía cambia y aparecen los rasgos más europeos: rubios, blancos, ojos claros... y por supuesto el mestizaje que sobrevive y hace presencia fuerte en todos lados, recordándoles el pasado aborigen de estas y todas las tierras latinoamericanas.
Las y los muchachos lucen en general delgados; por la estación que se vive y el calor insoportable, muy poquita ropa (a ojos gracias). Desenvueltos y tranquilos, los chicos parecen indiferentes frente al tema económico y sus implicaciones.
5.- Lo social: Cristina ha tomado medidas entre populistas y acertadas que apuntan a beneficiar a la población más vulnerable. Para millones de personas está asegurado un subsidio mensual que oscila los 1,000 pesos y que reclaman puntualmente en el banco de la nación. Para las personas que 'laburan', que 'ponen el lomo' como dicen ellos, esto es un desastre y lentamente se va convirtiendo en una bomba que puede reventar. Es común que por motivos chicos o grandes, comunidades enteras salgan a protestar, cierren vías principales, hagan exigencias al gobierno y hasta tanto obtienen lo pedido despejan la zona.
Y como en todo los puntos de vista varían: para unos es la respuesta (la política actual) a cientos de años de injusticia y para otros, el cáncer de los tiempos modernos que está criando una generación de haraganes que no quiere hacer nada. En fin, cada país tiene sus propios líos...
6.- Temperatura: arde, arde... En Buenos Aires se estaban quejando de los 36 grados sobre sus cabezas. En la zona del interior que rodé los 42 y 43 grados estaban enloqueciendo a las personas. Y a mí por supuesto. Tanto que opté por un manejo entre las siete y las doce del día. Parar en alguna gasolinera hasta las seis y luego seguir hasta que oscurece (8:30 p.m.) Las escenas de grupos que toman un baño en algún riachuelo se repiten y cualquier pileta o grifo viene bien para refrescarse un poco.
7.- Y qué pasó con el vino, nos preguntábamos... La escena frecuente de las personas que departen en un restaurante es una botella grande de Coca Cola o Fanta o Sprite... Adiós a la costumbre de beber vino con las comidas. Gaseosa y gaseosa y gaseosa, chicos y grandes. Tal vez a eso se deba que encontramos personas relativamente jóvenes (40 - 50 años, ¡jóvenes!) con sus dientes en muy mal estado. Casi muecos. El sarro se les ha comido las piezas y unos restos amarillentos es lo que les queda.
Quizá sea otra cosa, la calidad del agua, la higiene...
Bien, voy a darme una ducha y salgo a desayunar.
Luego nos volvemos a 'ver' en este medio.
Abrazos!
La misma ciudad desde donde escribí la última vez en este blogg.
El sitio donde conocimos a los moteros amables que nos hicieron sentir en casa.
Voy iniciando el camino de retorno. Después de haber visitado a 'vuelo de moto' las provincias de Tucumań, La Rioja, Córdoba y Catamarca...
Algunas muy áridas y desérticas, en medio del polvo. Otras como Córdoba, verdes y ordenadas, más el estilo europeo del que nos hablaron los amigos...
En Córdoba visité un par de poblados que recomiendo: Villa Dolores y Villa de Soto. En el último pasé la noche: tranquilo, agradable, lleno de árboles y con gente cálida como en el resto del país (al menos lo visto).
A la altura de Chepes (La Rioja), mi compañero de ruta y yo nos separamos. No es fácil sobrellevar una aventura de este tipo juntos cuando se tienen medianas o grandes diferencias. Entonces cortamos por lo sano, antes de entrar en roces y discusiones.
Además el dinero que traía ha marcado la mitad. Y cuando los 'haberes' llegan a la mitad, eso indica que es tiempo del regreso.
Tengo la fuerte impresión de que este es el primero de una serie de viajes para el resto de mi vida.
De hecho me propongo al volver: generar ingresos, ahorrar y en dos o tres años regresar a la ruta.
Este tipo de viajes deja sembrado en el espítitu una suerte de hábito, al que no habrá sino que darle un motivo, pequeño, grande, el que sea, para adentrarse en uno nuevo.
'Viajar es la mejor manera que hay de gastarse el dinero' dice Ricky Juárez y ya quedé convencido de ello.
Pero veamos:
Argentina deja en mí algunas impresiones que pueden ser más o menos ciertas, acorde con el poco tiempo que he pasado en ella. En mucho han servido las conversaciones que he tenido con amigos ruteros.
1.- Salvo la provincia de Buenos Aires y la ciudad del mismo nombre, el resto del país es muy seguro, muy tranquilo. No existe el afán entre las personas del robo, del atraco, del hurto a sus residencias. Aunque puede pasar... de manera esporádica.
2.- La economía no está bien. No viene bien desde hace años. Está un poco mejor que en la época del 'corralito' cuando los bancos 'secuestraron' los ahorros de las personas y se los fueron devolviendo en la medida que quisieron o pudieron.
Se vive una fuerte inflación, los precios varían constantemente, hay escasez de circulante (sobretodo monedas y bajas denominaciones), la gasolina (nafta) cuesta más que en Colombia; muchas veces están desabastecidos los surtidores o hay largas filas para poner combustible. En general he percibido carestía en los productos básicos y la gente se las arregla para 'sobrevivir', la mayoría de ellos...
Agrégole a esto último el 'espíritu' de los gauchos que los ayuda a llevar con cierta gracia sus pesares.
3.- Vías en excelente estado, a la manera de los países que hemos visitado antes. Argentina ha de tener 4 veces (quizá) el tamaño de Colombia y en muchos sectores sus rectas son interminables. La mayor parte del territorio es plano y eso ayuda a que se mantenga la red vial. Las velocidades permitidas oscilan entre 80, 90 y 110; depende de si es camión, autobús (colectivo) o automóvil.
4.- En esta zona del norte se siente fuerte la influencia de la migración boliviana. Muchos rasgos del vecino país entre sus gentes. En la medida que se va al sur la fisonomía cambia y aparecen los rasgos más europeos: rubios, blancos, ojos claros... y por supuesto el mestizaje que sobrevive y hace presencia fuerte en todos lados, recordándoles el pasado aborigen de estas y todas las tierras latinoamericanas.
Las y los muchachos lucen en general delgados; por la estación que se vive y el calor insoportable, muy poquita ropa (a ojos gracias). Desenvueltos y tranquilos, los chicos parecen indiferentes frente al tema económico y sus implicaciones.
5.- Lo social: Cristina ha tomado medidas entre populistas y acertadas que apuntan a beneficiar a la población más vulnerable. Para millones de personas está asegurado un subsidio mensual que oscila los 1,000 pesos y que reclaman puntualmente en el banco de la nación. Para las personas que 'laburan', que 'ponen el lomo' como dicen ellos, esto es un desastre y lentamente se va convirtiendo en una bomba que puede reventar. Es común que por motivos chicos o grandes, comunidades enteras salgan a protestar, cierren vías principales, hagan exigencias al gobierno y hasta tanto obtienen lo pedido despejan la zona.
Y como en todo los puntos de vista varían: para unos es la respuesta (la política actual) a cientos de años de injusticia y para otros, el cáncer de los tiempos modernos que está criando una generación de haraganes que no quiere hacer nada. En fin, cada país tiene sus propios líos...
6.- Temperatura: arde, arde... En Buenos Aires se estaban quejando de los 36 grados sobre sus cabezas. En la zona del interior que rodé los 42 y 43 grados estaban enloqueciendo a las personas. Y a mí por supuesto. Tanto que opté por un manejo entre las siete y las doce del día. Parar en alguna gasolinera hasta las seis y luego seguir hasta que oscurece (8:30 p.m.) Las escenas de grupos que toman un baño en algún riachuelo se repiten y cualquier pileta o grifo viene bien para refrescarse un poco.
7.- Y qué pasó con el vino, nos preguntábamos... La escena frecuente de las personas que departen en un restaurante es una botella grande de Coca Cola o Fanta o Sprite... Adiós a la costumbre de beber vino con las comidas. Gaseosa y gaseosa y gaseosa, chicos y grandes. Tal vez a eso se deba que encontramos personas relativamente jóvenes (40 - 50 años, ¡jóvenes!) con sus dientes en muy mal estado. Casi muecos. El sarro se les ha comido las piezas y unos restos amarillentos es lo que les queda.
Quizá sea otra cosa, la calidad del agua, la higiene...
Bien, voy a darme una ducha y salgo a desayunar.
Luego nos volvemos a 'ver' en este medio.
Abrazos!
sábado, 7 de enero de 2012
Cuarto oscuro...
Lo que ustedes aprecian son 'islas flotantes'. En el Titicaca; ingeniosos, los constructores de estas 'islas' emplean botellas plásticas vacías de gaseosa agrupadas en costales. Sobre los bloques de botellas flota la ista. Y allí funciona restaurante y hay un lindo panorama del lago.
Titicaca al atardecer. El sol refleja sus últimos rayos en el agua, que le devuelve el brillo con intensidad...Mi colega de viaje y yo, en alguna playa de Perú (quizá Paracas)
Con amigos moteros que conocimos en Trujillo. A esa ciudad llegamos una noche un poco tarde. Al llegar a la plaza de armas, ellos nos abordaron y terminamos cenando juntos, conversando..., y hasta nos ayudaron a ubicar el hospedaje...
A las motos debió pegárseles una calcomanía con datos del sunat (aduana) del Perú. Además, tuvimos que pagar 35 dólares por un Soat y cuidarnos de la policía que siempre está lista a sorprender infractores...
Cerca de La Paz, quisimos visitar un lugar conocido como 'el camino de la muerte'. Pero, erramos la ruta y nos tuvimos que devolver sin encontrar tan temible vía. En su lugar nos sorprendió la lluvia y volvimos empapados a la ciudad. Además con la sorpresa de que no nos vendían combustible...
Bolivia. Por la ruta que de Copacabana conduce a La Paz hay un lugar del lago Titicaca que debe cruzarse en barcaza. Por 20 pesos le trasladan a uno de un lado al otro. Toma unos 15 minutos la maniobra.Frente al Titicaca. Hermoso lago, inmenso, conmovedor. Bolivia no tendrá mar pero tiene un lago magnífico.
Cumbres congeladas. Estas montañas tienen nieve perpetua. Están ubicadas en Perú y nos las encontramos en el camino que de Cusco conduce a la frontera con Bolivia.
La moto que ha permitido realizar este sueño. Sin ser una máquina de gran calibre, nos lleva despacio y silencioso por los caminos y veredas que debemos cruzar.
Sierra peruana, en lo alto, a 4,000 msnm. Niñas y niños de una familia numerosa salen a la vía vestidos de carnaval, con sus instrumentos; esperando que a su paso, las personas les brinden alimentos o algo de dinero. Sus caritas quemadas por el viento helado, las manos arrugadas...
Cerca a Paracas (Perú), donde hay una zona de reserva, está este monumento. Monumento a la independencia, con nombres de próceres y demás...
Corresponde a la vía que de Cuenca conduce a Huaquillas, frontera con Perú. Un cañón majestuoso y digno de pararse a tomar la fotografía.
jueves, 5 de enero de 2012
Relatos de madrugada...
Acabamos de regresar a casa de Ricky. Ricky Júarez es una persona que conocimos el día de nuestra llegada a Jujuy. Luego de hora y media buscando hospedaje, un taxista nos dio la clave para hallar el sitio dónde alojarnos a precio módico. Como el hostal no tiene 'cochera', el dueño del sitio nos recomienda un lugar cercano y añade: pregunten por Ricky y digan que yo los envío. Así dimos con Ricky.
Al presentarnos en el parqueadero, Ricky se alegra al saber que somos colombianos y empieza a relatar sus viajes a Colombia. Ha estado en tres oportunidades, la ha recorrido de punta a punta y siente enorme afecto por el país, por su gente.
La última vez que visitó Colombia fue víctima de un robo y además de perder todo su dinero se quedó sin pasaporte. Pensando en qué hacer para regresarse a Argentina, habló con algunos de sus amigos en nuestro país que de inmediato se movilizaron para ayudarle. Al poco tiempo tenía ya documento de nuevo y dinero para sufragarse los gastos de viaje. Este y otros gestos hacen que Ricky quiera a Colombia como a su segunda patria.
Ese amor lo transmite a los visitantes que provienen del país y nosotros no somos la excepción.
Enseguida comienza a llamar a sus amigos para contarles de nuestra presencia, las motos en que viajamos y el recorrido que llevamos hasta ahora. Se maravilla..., él tiene una Honda Falcon de 400 c.c. y desea fervientemente volver a pisar tierras colombianas.
Esto que les narro pasa el lunes 2 de enero. Hoy es jueves 5. Como a las motocicletas hay que hacerles mantenimiento buscamos un taller de servicio Honda y nos piden que les esperemos de un día para otro. Tienen demasiado trabajo.
'Se van a tener que quedar', advierte Ricky; 'y como yo les he hablado a mis amigos de ustedes y su viaje, queremos invitarles a un asadito, para que se conozcan y conversen un poco'.
Luego comienzan a aparecer los amigos de Ricky. Primero Luis, un joven que administra vehiculos de servicio publico. Luego Enrique, un industrial que tiene su negocio de suspensiones para vehiculos pesados. Formidables personas. Al igual que Ricky, Luis y Enrique son moteros. Lo mismo que Ricky, se muestran muy amables con nosotros. Enrique decide acompañarnos hasta el sitio donde estan las motocicletas; luego que las hemos reclamado y tras pagar los costos del mantenimiento, nos vamos a su negocio, ubicado cerca del lugar. Alli nos presenta a su esposa y a uno de sus hijos. Gentiles, cordiales...
En la noche nos encontramos con los amigos de Ricky que conocemos y otros que todavnia no nos han presentado. Unas 10 personas nos hemos juntado en el garaje de Enrique. Y empieza el asunto de la comida. Con el fuego puesto y el chorizo a punto de asado, se da inicio a una formidable cena. Historias, chistes, anecdotas, burlas...,
Dejenme decirles que la amabilidad, el cariño, la generosidad de estas personas, supera todos los prejuicios que hayamos podido tener frente a los argentinos. Y es que acogen como si fuesemos parte de su propia familia.
Despues que hemos cenado viene la ronda de recomendaciones, posibles rutas a realizar, sus historias de viaje. Como esta decidido que vayamos hacia sSalta, ellos se ofrecen para acompañarnos parte de la ruta, hasta que lleguemos a sitio donde no haya extravio en el camino.
Tanta gentileza nos conmueve, intentamos unas palabras de agradecimiento y sentimos que quedan cortas frente al trato recibido.
Si este es un preludio de lo que nos espera en el pais gaucho, alcanzamos a imaginar como seran las cosas en lo sucesivo.
Bendiciones para todas y todos quienes han hecho de nuestro viaje una experiencia de vida.
Hasta pronto...
Al presentarnos en el parqueadero, Ricky se alegra al saber que somos colombianos y empieza a relatar sus viajes a Colombia. Ha estado en tres oportunidades, la ha recorrido de punta a punta y siente enorme afecto por el país, por su gente.
La última vez que visitó Colombia fue víctima de un robo y además de perder todo su dinero se quedó sin pasaporte. Pensando en qué hacer para regresarse a Argentina, habló con algunos de sus amigos en nuestro país que de inmediato se movilizaron para ayudarle. Al poco tiempo tenía ya documento de nuevo y dinero para sufragarse los gastos de viaje. Este y otros gestos hacen que Ricky quiera a Colombia como a su segunda patria.
Ese amor lo transmite a los visitantes que provienen del país y nosotros no somos la excepción.
Enseguida comienza a llamar a sus amigos para contarles de nuestra presencia, las motos en que viajamos y el recorrido que llevamos hasta ahora. Se maravilla..., él tiene una Honda Falcon de 400 c.c. y desea fervientemente volver a pisar tierras colombianas.
Esto que les narro pasa el lunes 2 de enero. Hoy es jueves 5. Como a las motocicletas hay que hacerles mantenimiento buscamos un taller de servicio Honda y nos piden que les esperemos de un día para otro. Tienen demasiado trabajo.
'Se van a tener que quedar', advierte Ricky; 'y como yo les he hablado a mis amigos de ustedes y su viaje, queremos invitarles a un asadito, para que se conozcan y conversen un poco'.
Luego comienzan a aparecer los amigos de Ricky. Primero Luis, un joven que administra vehiculos de servicio publico. Luego Enrique, un industrial que tiene su negocio de suspensiones para vehiculos pesados. Formidables personas. Al igual que Ricky, Luis y Enrique son moteros. Lo mismo que Ricky, se muestran muy amables con nosotros. Enrique decide acompañarnos hasta el sitio donde estan las motocicletas; luego que las hemos reclamado y tras pagar los costos del mantenimiento, nos vamos a su negocio, ubicado cerca del lugar. Alli nos presenta a su esposa y a uno de sus hijos. Gentiles, cordiales...
En la noche nos encontramos con los amigos de Ricky que conocemos y otros que todavnia no nos han presentado. Unas 10 personas nos hemos juntado en el garaje de Enrique. Y empieza el asunto de la comida. Con el fuego puesto y el chorizo a punto de asado, se da inicio a una formidable cena. Historias, chistes, anecdotas, burlas...,
Dejenme decirles que la amabilidad, el cariño, la generosidad de estas personas, supera todos los prejuicios que hayamos podido tener frente a los argentinos. Y es que acogen como si fuesemos parte de su propia familia.
Despues que hemos cenado viene la ronda de recomendaciones, posibles rutas a realizar, sus historias de viaje. Como esta decidido que vayamos hacia sSalta, ellos se ofrecen para acompañarnos parte de la ruta, hasta que lleguemos a sitio donde no haya extravio en el camino.
Tanta gentileza nos conmueve, intentamos unas palabras de agradecimiento y sentimos que quedan cortas frente al trato recibido.
Si este es un preludio de lo que nos espera en el pais gaucho, alcanzamos a imaginar como seran las cosas en lo sucesivo.
Bendiciones para todas y todos quienes han hecho de nuestro viaje una experiencia de vida.
Hasta pronto...
lunes, 2 de enero de 2012
34 días, 7,800 kilómetros, 4 países, sensaciones diversas...
Caray
Parece que fue ayer cuando arrancamos de Bogotá. Una lluviosa mañana de martes. 30 de noviembre. Recuerdo que a la salida de la ciudad por la calle 13, llegando a Mosquera para tomar el desvío a La Mesa, tuvimos que cruzar las aguas desbordadas del río Bogotá que había roto cauce. El bautizo oficial de nuestro viaje.
Hoy, 34 días después, 26 fuera de Colombia, el lento pero parejo rodar de las motocicletas nos ha traído a la ciudad de Jujuy en la provincia del mismo nombre. Estamos en Argentina.
Esta tarde conversando con alguien surgió la expresión: 'el paisaje que se mueve'. Me gustó. Y ese alguien, de nombre Ricky Juárez, es un motero de muchos años que tiene un garaje donde fuimos a guardar las motos. Conoce Colombia, la ha recorrido un par de veces, tiene amigos allá, le gusta el país y su gente... Uno más que recibe con afecto a este par de viajeros.
Pero, y a qué viene lo del paisaje que se mueve..., es la manera en que Ricky describe su contacto con la gente, con toda la gente. Con las personas sencillas de un mercado, con los niños de una escuela primaria, con los ciclistas que viajan por el mundo con su 'casa' a cuestas, con todo aquel que tiene una historia que contar, o preguntas para hacer...
El verano ha entrado en Argentina. Y aunque en esta parte del país no es tan fuerte, se siente el cambio entre sus gentes. Las calles están llenas, se usa poca ropa, largas colas en los puestos de helado, niñas y niños juegan hasta muy tarde, hay movimiento permanente.
No nos quedamos atrás y hemos salido de pantalones cortos, camiseta y pantuflas a dar una vuelta por la zona céntrica. Una zona peatonal llena de cafés y restaurantes, parque bonito rodeado de edificios bien conservados, charcuterías despachando mercancías, avisos de feliz año y ventas ambulantes.
Ese 'chiste' (de pantuflas, shorts y camiseta) no lo hubiéramos hecho en las últimas dos semanas.
Ahora comezamos a pensar qué vamos a hacer con tanta ropa que no usaremos. Si será mejor deshacernos de algunas prendas, echarlas en una bolsa y prenderlas a la moto o esperar un poco mientras observamos cómo sigue el clima. Pero todo indica que la cosa se calienta. Un chico nos mencionaba en la mañana que por su región ya estaban llegando a los 40 grados... 'jujuy', un horno, un horno para asarnos lentamente.
Estamos a 1,700 kilómetros de Buenos Aires, a varias jornadas de rodaje hasta encontrar el cruce en la frontera que nos lleve a Santiago de Chile y luego..., luego no sabemos.
Pero habré de contárselos.
¡Pásenla bien! y como dice Ricky: el dinero mejor empleado es el que se gasta en viajes...
Parece que fue ayer cuando arrancamos de Bogotá. Una lluviosa mañana de martes. 30 de noviembre. Recuerdo que a la salida de la ciudad por la calle 13, llegando a Mosquera para tomar el desvío a La Mesa, tuvimos que cruzar las aguas desbordadas del río Bogotá que había roto cauce. El bautizo oficial de nuestro viaje.
Hoy, 34 días después, 26 fuera de Colombia, el lento pero parejo rodar de las motocicletas nos ha traído a la ciudad de Jujuy en la provincia del mismo nombre. Estamos en Argentina.
Esta tarde conversando con alguien surgió la expresión: 'el paisaje que se mueve'. Me gustó. Y ese alguien, de nombre Ricky Juárez, es un motero de muchos años que tiene un garaje donde fuimos a guardar las motos. Conoce Colombia, la ha recorrido un par de veces, tiene amigos allá, le gusta el país y su gente... Uno más que recibe con afecto a este par de viajeros.
Pero, y a qué viene lo del paisaje que se mueve..., es la manera en que Ricky describe su contacto con la gente, con toda la gente. Con las personas sencillas de un mercado, con los niños de una escuela primaria, con los ciclistas que viajan por el mundo con su 'casa' a cuestas, con todo aquel que tiene una historia que contar, o preguntas para hacer...
El verano ha entrado en Argentina. Y aunque en esta parte del país no es tan fuerte, se siente el cambio entre sus gentes. Las calles están llenas, se usa poca ropa, largas colas en los puestos de helado, niñas y niños juegan hasta muy tarde, hay movimiento permanente.
No nos quedamos atrás y hemos salido de pantalones cortos, camiseta y pantuflas a dar una vuelta por la zona céntrica. Una zona peatonal llena de cafés y restaurantes, parque bonito rodeado de edificios bien conservados, charcuterías despachando mercancías, avisos de feliz año y ventas ambulantes.
Ese 'chiste' (de pantuflas, shorts y camiseta) no lo hubiéramos hecho en las últimas dos semanas.
Ahora comezamos a pensar qué vamos a hacer con tanta ropa que no usaremos. Si será mejor deshacernos de algunas prendas, echarlas en una bolsa y prenderlas a la moto o esperar un poco mientras observamos cómo sigue el clima. Pero todo indica que la cosa se calienta. Un chico nos mencionaba en la mañana que por su región ya estaban llegando a los 40 grados... 'jujuy', un horno, un horno para asarnos lentamente.
Estamos a 1,700 kilómetros de Buenos Aires, a varias jornadas de rodaje hasta encontrar el cruce en la frontera que nos lleve a Santiago de Chile y luego..., luego no sabemos.
Pero habré de contárselos.
¡Pásenla bien! y como dice Ricky: el dinero mejor empleado es el que se gasta en viajes...
domingo, 1 de enero de 2012
Bolivia, una hora más respecto a Colombia; Argentina, 2 horas...
Bueno, luego de esperar largos minutos para que la red permitiera acceder al Blog y crear una nueva entrada, ¡aquí estoy!
Estoy en Villazón, Bolivia. Poblado fronterizo con Argentina. Puro al borde. Llegados a este lugar ayer sábado hacia las 2 de la tarde, debimos quedarnos acá por un asunto de SOAT para las motos. Oficina cerrada en La Quiaca (Argentina); no hay otra sino esperar hasta mañana lunes.
Sinembargo estamos más tranquilos. A la entrada de Villazón, tras un recorrido de 353 kilómetros desde Potosí y con el tanque casi vacío, nos han vendido gasolina a precio oficial y sin poner atención a nuestra placa. Bravo por eso. Además, descendimos de 4,000 msnm a 2,800. Después de dos largas semanas de frío intenso, esto es cálido para nosotros.
Me explico: una cosa es la sensación térmica estando en la calle, en el hotel, en cualquier sitio..., y otra muy distinta conducir motocicleta a esa altura y con viento en contra. Y lluvia también.
A pesar de que usamos lo que tenemos para darnos cobijo (ej.: (Nelson) pijama, doble pantalón, impermeable, camisa manga larga, doble chaqueta, guantes sobre guantes, zapatones) el frío se mete por entre las costuras, por entre los tejidos y empieza uno a temblar involuntariamente. Especialmente sufren las manos porque reciben el golpe directo. Se agarrotan, se entiesan y duelen. Es necesario moverlas con frenesí, soltar el timón de un lado y abrir y cerrar los dedos para coger algo de temperatura...
Ayer llovió copiosamente por el camino, sobretodo en la primera etapa. Y entramos en carretera destapada y desvío por construcción. El indicador de recorrido de la moto indicó un sector de 150 kilómetros de plena soledad. Nada a la vista, ningún pueblo, nadie por allí..., si acaso un caserío fantasmal y al lado montañas, pampa, desierto...
Es en esos casos cuando está uno a la de 'dios y suerte' y pidiendo con más fé de lo acostumbrado que todo vaya bien, que la gasolina aguante, que la máquina no se pare por algún desperfecto, que no tenga una caída, que el compañero no se distancie demasiado...
Los largos recorridos, de mucha soledad y silencio, dan espacio para pensar, para recordar, para proyectar, para preguntarse.
El itinerario de aquí en adelante está por definirse. Es un poco la continuación de lo que hemos hecho: el camino nos marca el derrotero.
He comprado una botellita de Singani, bebida tradicional de Bolivia (extraída de la uva) y vamos a compartirla con nuestros anfitriones del hotel. Un par de viejos agradables que quieren a la gente Colombia. Son papá e hijo. El padre fue político, senador, diputado..., estuvo en Colombia y quedó encantado con el trato, con la belleza de nuestras mujeres...; el hijo es arquitecto residente en La Paz. Veteranos también: 65 y 87 años..., conversadores, gentiles.
Luego les cuento cómo nos supo la bebida, en apariencia es un aguardiente..., y acostumbran tomarlo con seven up y limón.
Ya veremos...
Como siempre, abrazos para todas y todos. Gracias por sus gentiles comentarios. Se les quiere.
Estoy en Villazón, Bolivia. Poblado fronterizo con Argentina. Puro al borde. Llegados a este lugar ayer sábado hacia las 2 de la tarde, debimos quedarnos acá por un asunto de SOAT para las motos. Oficina cerrada en La Quiaca (Argentina); no hay otra sino esperar hasta mañana lunes.
Sinembargo estamos más tranquilos. A la entrada de Villazón, tras un recorrido de 353 kilómetros desde Potosí y con el tanque casi vacío, nos han vendido gasolina a precio oficial y sin poner atención a nuestra placa. Bravo por eso. Además, descendimos de 4,000 msnm a 2,800. Después de dos largas semanas de frío intenso, esto es cálido para nosotros.
Me explico: una cosa es la sensación térmica estando en la calle, en el hotel, en cualquier sitio..., y otra muy distinta conducir motocicleta a esa altura y con viento en contra. Y lluvia también.
A pesar de que usamos lo que tenemos para darnos cobijo (ej.: (Nelson) pijama, doble pantalón, impermeable, camisa manga larga, doble chaqueta, guantes sobre guantes, zapatones) el frío se mete por entre las costuras, por entre los tejidos y empieza uno a temblar involuntariamente. Especialmente sufren las manos porque reciben el golpe directo. Se agarrotan, se entiesan y duelen. Es necesario moverlas con frenesí, soltar el timón de un lado y abrir y cerrar los dedos para coger algo de temperatura...
Ayer llovió copiosamente por el camino, sobretodo en la primera etapa. Y entramos en carretera destapada y desvío por construcción. El indicador de recorrido de la moto indicó un sector de 150 kilómetros de plena soledad. Nada a la vista, ningún pueblo, nadie por allí..., si acaso un caserío fantasmal y al lado montañas, pampa, desierto...
Es en esos casos cuando está uno a la de 'dios y suerte' y pidiendo con más fé de lo acostumbrado que todo vaya bien, que la gasolina aguante, que la máquina no se pare por algún desperfecto, que no tenga una caída, que el compañero no se distancie demasiado...
Los largos recorridos, de mucha soledad y silencio, dan espacio para pensar, para recordar, para proyectar, para preguntarse.
El itinerario de aquí en adelante está por definirse. Es un poco la continuación de lo que hemos hecho: el camino nos marca el derrotero.
He comprado una botellita de Singani, bebida tradicional de Bolivia (extraída de la uva) y vamos a compartirla con nuestros anfitriones del hotel. Un par de viejos agradables que quieren a la gente Colombia. Son papá e hijo. El padre fue político, senador, diputado..., estuvo en Colombia y quedó encantado con el trato, con la belleza de nuestras mujeres...; el hijo es arquitecto residente en La Paz. Veteranos también: 65 y 87 años..., conversadores, gentiles.
Luego les cuento cómo nos supo la bebida, en apariencia es un aguardiente..., y acostumbran tomarlo con seven up y limón.
Ya veremos...
Como siempre, abrazos para todas y todos. Gracias por sus gentiles comentarios. Se les quiere.
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