Hubiese sido una pena no quedarnos al menos un día en el Cabo. No después de la dificultad que significó llegar hasta este bello paraje de la geografía colombiana. Es más, cuando ustedes vengan a visitarlo (quienes no lo hayan hecho), dedíquenle buen tiempo. Una semana por ejemplo.
Consiguen donde quedarse desde $10,000 la noche: hamaca, espacio para carpa; o puede salirles gratis si ubican algún sitio en la playa, ojalá distante del caserío. Eso sí, es bueno que se aprovisionen de agua potable (Uribia por ejemplo) ya que en el Cabo es muy escasa.
En el pueblo hay energía eléctrica entre seis de la tarde y seis de la mañana. En consecuencia también hay ruido y música fuerte, pero si les agrada la compañía...
Nosotros quisimos explorar un poco antes de tomar alojamiento. Unos dos kilómetros adelante del caserío está la ranchería Utta. Lleva ese nombre por un arbusto de la zona. El sitio es muy tranquilo, aseado y las personas atentas. También hay restaurante y tienda con insumos básicos. Nos presentamos como viajeros y no como turistas y obtuvimos descuento.
Cerca están los pescadores con sus familias, las cabras, el mar enfrente.
Al amanecer de este día lunes salimos con Alvaro a ver el sol naciente. Pleno, poderoso. Tiñendo las nubes de colores.
Después del desayuno partimos en grupo hacia el Pilón de Azúcar, que en Wayuunaiki se denomina "Kamachi". De nuevo por sendas de arena y polvo, pero más tranquilos con la experiencia adquirida el día anterior. Sin prisa, en pantaloneta y pantuflas.
Voy a subir fotos y enseguida les cuento más.
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