lunes, 12 de diciembre de 2011

Desde Máncora, Perú, vía Piura



El día número cuatro de viaje estuvimos en Pasto. Allí, en la plaza de Nariño, los pastusos festejaban el precarnaval que tiene lugar en enero. Aunque frío y con lluvia no fue obstáculo para que salieran a bailar y echarse espuma unos a otros. Recuerdo hace viente años, cuando visité en compañía de mi familia la ciudad y en pleno carnaval los celebrantes nos decían ‘con permisito’ y enseguida una manotada de maizena o un chorro de tinta. Pero bastante cálidos y nada agresivos como sucede en otras partes.
En Pasto nos alojamos en un hotel del centro, cerca de la zona de griles y que para algunos puede sonar poco recomendable. Sinembargo el hotel era aseado, económico y estábamos cerca de todo; y cosa muy importante, había estacionamiento para las motos ahí mismo. Un detalle: ese día hicimos la ruta Armenia-Pasto. Doce horas, casi seiscientos kilómetros, el c... magullado y lluvia desde nuestro paso por inmediaciones de Cali. Al hotel llegamos escurriendo agua y con todo empapado. Todo. Al día siguiente fuimos a S. Andresito en busca de un secador de pelo para no empacar de nuevo como una sopa. Lluvia más frío, más la noche que te alzanza, eso es aburridor. Y hé aquí amigas y amigos la presencia de los ángeles de la ruta: un joven que venía de Cali y nos adelantó en la vía, fue la persona que luego nos guió en el camino de ingreso a Pasto y nos llevó a la zona de hoteles para que no nos perdiéramos. Gracias infinitas a nuestros ángeles de la guarda.

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