El día número cuatro de viaje estuvimos en Pasto. Allí, en la plaza de Nariño, los pastusos festejaban el precarnaval que tiene lugar en enero. Aunque frío y con lluvia no fue obstáculo para que salieran a bailar y echarse espuma unos a otros. Recuerdo hace viente años, cuando visité en compañía de mi familia la ciudad y en pleno carnaval los celebrantes nos decían ‘con permisito’ y enseguida una manotada de maizena o un chorro de tinta. Pero bastante cálidos y nada agresivos como sucede en otras partes.
En Pasto nos alojamos en un hotel del centro, cerca de la zona de griles y que para algunos puede sonar poco recomendable. Sinembargo el hotel era aseado, económico y estábamos cerca de todo; y cosa muy importante, había estacionamiento para las motos ahí mismo. Un detalle: ese día hicimos la ruta Armenia-Pasto. Doce horas, casi seiscientos kilómetros, el c... magullado y lluvia desde nuestro paso por inmediaciones de Cali. Al hotel llegamos escurriendo agua y con todo empapado. Todo. Al día siguiente fuimos a S. Andresito en busca de un secador de pelo para no empacar de nuevo como una sopa. Lluvia más frío, más la noche que te alzanza, eso es aburridor. Y hé aquí amigas y amigos la presencia de los ángeles de la ruta: un joven que venía de Cali y nos adelantó en la vía, fue la persona que luego nos guió en el camino de ingreso a Pasto y nos llevó a la zona de hoteles para que no nos perdiéramos. Gracias infinitas a nuestros ángeles de la guarda.


No hay comentarios:
Publicar un comentario