lunes, 12 de diciembre de 2011

Relato que enlaza con el cruce a Ecuador...


Con el ‘permiso de salida’ que otorgó el consulado nos fuimos a Rumichaca, hicimos sellar el documento en Aduana y entonces..., al fin, territorio extranjero carajo! Ocho días para salir de Colombia y los huesos entumecidos.
Les hablé antes de El Bordo. Este día, el número ocho de viaje hicimos El Bordo-Ipiales-Rumichaca-Ibarra. Doce horas. De seis a seis. Con las paradas de trámites y para comer. A Ibarra llegamos con buen tiempo, sol de venados, buscamos la avenida que conduce hacia Riobamba y buscamos un Hostal. Nos tocó uno a la salida y adivinen: el sitio es de un caleño que lleva como diez años en Ecuador. Habitación con dos camas, baño privado, por 20 dólares. Espacio para guardar las motocicletas y cerca de zona de comidas y un centro comercial. Un duchazo para quitarse el cansancio y nos fuimos en busca de comida. Luego preguntamos por el centro, tomamos un taxi que cobró un dólar y nos llevó a un sitio de karaoke, donde un grupo de jóvenes departía alegremente. Pedimos cerveza de la de 600 c.c., y venga hombre Alvarito, celebremos el paso a este país que nos iba costando trabajo.
Hubiéramos tomado otra pero el cansancio y la madrugada del día siguiente nos hicieron volver al Hostal.
Para la jornada del jueves planeamos Ibarra-Riobamba, unos 400 kilómetros, esquivando Quito.
Retro: en Pasto tuvimos ocasión de conocer a un motero de nombre Mauricio, quien tiene experiencia en viajes por la zona sur. Su esposa vive en Lima y cada que puede agarra su Suzuki V-Strom de 650 C.C., y va a visitarla. Conversamos un rato, nos dio indicaciones, sugerencias. Hablamos de las rutas, de los cuidados a tener en la vía, el estado de las carreteras, algunos sitios donde detenernos, etc. Otro ángel del camino.
Esto de rodar an motocicleta tiene una cierta magia: la gente se va enterando del asunto, preguntan los detalles, se ofrecen a ayudar y hasta cierta admiración causa en las personas el hecho de que uno pretenda hacer grandes recorridos subido en dos ruedas. Chévere la vaina.
También encontramos en Rumichaca a un paisa de Medellín rodando en su Honda 700 C.C. Familia y compromisos en Quito, docente de Eafit, etc., etc., nos mostró en el mapa la ruta que íbamos a hacer y nos dio su tarjeta: lo que se les ofrezca, avisen.
Una pareja de daneses cruzaban al tiempo que nosotros Rumichaca, montados en una moto KTM 1,000 centímetros. Una guerrera del camino. Viaje de descanso, plácidos, sin prisa... Apenas hacían 200 o 300 kilómetros al día y donde fuesen las tres o cuatro de la tarde paraban. Amigos del camping, cargaban consigo lo necesario: ollas, sartén, estufa, bolsas de dormir. El hombre contaba gracioso en su escaso español: ‘estoy cansado de los hoteles de carretera con el run run de los motores toda la noche; de los hoteles con disco al lado que no dejan dormir; y de los “hoteles del amor” con el ah ah ah ah contínuo’. Mejor paramos al descampado y montamos nuestra carpa. Gente querida, gente amable y aventurera.

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