domingo, 1 de enero de 2012

Bolivia, una hora más respecto a Colombia; Argentina, 2 horas...

Bueno, luego de esperar largos minutos para que la red permitiera acceder al Blog y crear una nueva entrada, ¡aquí estoy!
Estoy en Villazón, Bolivia. Poblado fronterizo con Argentina. Puro al borde. Llegados a este lugar ayer sábado hacia las 2 de la tarde, debimos quedarnos acá por un asunto de SOAT para las motos. Oficina cerrada en La Quiaca (Argentina); no hay otra sino esperar hasta mañana lunes.
Sinembargo estamos más tranquilos. A la entrada de Villazón, tras un recorrido de 353 kilómetros desde Potosí y con el tanque casi vacío, nos han vendido gasolina a precio oficial y sin poner atención a nuestra placa. Bravo por eso. Además, descendimos de 4,000 msnm a 2,800. Después de dos largas semanas de frío intenso, esto es cálido para nosotros.
Me explico: una cosa es la sensación térmica estando en la calle, en el hotel, en cualquier sitio..., y  otra muy distinta conducir motocicleta a esa altura y con viento en contra. Y lluvia también.
A pesar de que usamos lo que tenemos para darnos cobijo (ej.: (Nelson) pijama, doble pantalón, impermeable, camisa manga larga, doble chaqueta, guantes sobre guantes, zapatones) el frío se mete por entre las costuras, por entre los tejidos y empieza uno a temblar involuntariamente. Especialmente sufren las manos porque reciben el golpe directo. Se agarrotan, se entiesan y duelen. Es necesario moverlas con frenesí, soltar el timón de un lado y abrir y cerrar los dedos para coger algo de temperatura...
Ayer llovió copiosamente por el camino, sobretodo en la primera etapa. Y entramos en carretera destapada y desvío por construcción. El indicador de recorrido de la moto indicó un sector de 150 kilómetros de plena soledad. Nada a la vista, ningún pueblo, nadie por allí..., si acaso un caserío fantasmal y al lado montañas, pampa, desierto...
Es en esos casos cuando está uno a la de 'dios y suerte' y pidiendo con más fé de lo acostumbrado que todo vaya bien, que la gasolina aguante, que la máquina no se pare por algún desperfecto, que no tenga una caída, que el compañero no se distancie demasiado...
Los largos recorridos, de mucha soledad y silencio, dan espacio para pensar, para recordar,  para proyectar, para preguntarse.
El itinerario de aquí en adelante está por definirse. Es un poco la continuación de lo que hemos hecho: el camino nos marca el derrotero. 
He comprado una botellita de Singani, bebida tradicional de Bolivia (extraída de la uva) y vamos a compartirla con nuestros anfitriones del hotel. Un par de viejos agradables que quieren a la gente Colombia. Son papá e hijo. El padre fue político, senador, diputado..., estuvo en Colombia y quedó encantado con el trato, con la belleza de nuestras mujeres...;  el hijo es arquitecto residente en La Paz. Veteranos también: 65 y 87 años..., conversadores, gentiles.
Luego les cuento cómo nos supo la bebida, en apariencia es un aguardiente..., y acostumbran tomarlo con seven up y limón.
Ya veremos...
Como siempre, abrazos para todas  y todos. Gracias por sus gentiles comentarios. Se les quiere.

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