Estoy en Jujuy.
La misma ciudad desde donde escribí la última vez en este blogg.
El sitio donde conocimos a los moteros amables que nos hicieron sentir en casa.
Voy iniciando el camino de retorno. Después de haber visitado a 'vuelo de moto' las provincias de Tucumań, La Rioja, Córdoba y Catamarca...
Algunas muy áridas y desérticas, en medio del polvo. Otras como Córdoba, verdes y ordenadas, más el estilo europeo del que nos hablaron los amigos...
En Córdoba visité un par de poblados que recomiendo: Villa Dolores y Villa de Soto. En el último pasé la noche: tranquilo, agradable, lleno de árboles y con gente cálida como en el resto del país (al menos lo visto).
A la altura de Chepes (La Rioja), mi compañero de ruta y yo nos separamos. No es fácil sobrellevar una aventura de este tipo juntos cuando se tienen medianas o grandes diferencias. Entonces cortamos por lo sano, antes de entrar en roces y discusiones.
Además el dinero que traía ha marcado la mitad. Y cuando los 'haberes' llegan a la mitad, eso indica que es tiempo del regreso.
Tengo la fuerte impresión de que este es el primero de una serie de viajes para el resto de mi vida.
De hecho me propongo al volver: generar ingresos, ahorrar y en dos o tres años regresar a la ruta.
Este tipo de viajes deja sembrado en el espítitu una suerte de hábito, al que no habrá sino que darle un motivo, pequeño, grande, el que sea, para adentrarse en uno nuevo.
'Viajar es la mejor manera que hay de gastarse el dinero' dice Ricky Juárez y ya quedé convencido de ello.
Pero veamos:
Argentina deja en mí algunas impresiones que pueden ser más o menos ciertas, acorde con el poco tiempo que he pasado en ella. En mucho han servido las conversaciones que he tenido con amigos ruteros.
1.- Salvo la provincia de Buenos Aires y la ciudad del mismo nombre, el resto del país es muy seguro, muy tranquilo. No existe el afán entre las personas del robo, del atraco, del hurto a sus residencias. Aunque puede pasar... de manera esporádica.
2.- La economía no está bien. No viene bien desde hace años. Está un poco mejor que en la época del 'corralito' cuando los bancos 'secuestraron' los ahorros de las personas y se los fueron devolviendo en la medida que quisieron o pudieron.
Se vive una fuerte inflación, los precios varían constantemente, hay escasez de circulante (sobretodo monedas y bajas denominaciones), la gasolina (nafta) cuesta más que en Colombia; muchas veces están desabastecidos los surtidores o hay largas filas para poner combustible. En general he percibido carestía en los productos básicos y la gente se las arregla para 'sobrevivir', la mayoría de ellos...
Agrégole a esto último el 'espíritu' de los gauchos que los ayuda a llevar con cierta gracia sus pesares.
3.- Vías en excelente estado, a la manera de los países que hemos visitado antes. Argentina ha de tener 4 veces (quizá) el tamaño de Colombia y en muchos sectores sus rectas son interminables. La mayor parte del territorio es plano y eso ayuda a que se mantenga la red vial. Las velocidades permitidas oscilan entre 80, 90 y 110; depende de si es camión, autobús (colectivo) o automóvil.
4.- En esta zona del norte se siente fuerte la influencia de la migración boliviana. Muchos rasgos del vecino país entre sus gentes. En la medida que se va al sur la fisonomía cambia y aparecen los rasgos más europeos: rubios, blancos, ojos claros... y por supuesto el mestizaje que sobrevive y hace presencia fuerte en todos lados, recordándoles el pasado aborigen de estas y todas las tierras latinoamericanas.
Las y los muchachos lucen en general delgados; por la estación que se vive y el calor insoportable, muy poquita ropa (a ojos gracias). Desenvueltos y tranquilos, los chicos parecen indiferentes frente al tema económico y sus implicaciones.
5.- Lo social: Cristina ha tomado medidas entre populistas y acertadas que apuntan a beneficiar a la población más vulnerable. Para millones de personas está asegurado un subsidio mensual que oscila los 1,000 pesos y que reclaman puntualmente en el banco de la nación. Para las personas que 'laburan', que 'ponen el lomo' como dicen ellos, esto es un desastre y lentamente se va convirtiendo en una bomba que puede reventar. Es común que por motivos chicos o grandes, comunidades enteras salgan a protestar, cierren vías principales, hagan exigencias al gobierno y hasta tanto obtienen lo pedido despejan la zona.
Y como en todo los puntos de vista varían: para unos es la respuesta (la política actual) a cientos de años de injusticia y para otros, el cáncer de los tiempos modernos que está criando una generación de haraganes que no quiere hacer nada. En fin, cada país tiene sus propios líos...
6.- Temperatura: arde, arde... En Buenos Aires se estaban quejando de los 36 grados sobre sus cabezas. En la zona del interior que rodé los 42 y 43 grados estaban enloqueciendo a las personas. Y a mí por supuesto. Tanto que opté por un manejo entre las siete y las doce del día. Parar en alguna gasolinera hasta las seis y luego seguir hasta que oscurece (8:30 p.m.) Las escenas de grupos que toman un baño en algún riachuelo se repiten y cualquier pileta o grifo viene bien para refrescarse un poco.
7.- Y qué pasó con el vino, nos preguntábamos... La escena frecuente de las personas que departen en un restaurante es una botella grande de Coca Cola o Fanta o Sprite... Adiós a la costumbre de beber vino con las comidas. Gaseosa y gaseosa y gaseosa, chicos y grandes. Tal vez a eso se deba que encontramos personas relativamente jóvenes (40 - 50 años, ¡jóvenes!) con sus dientes en muy mal estado. Casi muecos. El sarro se les ha comido las piezas y unos restos amarillentos es lo que les queda.
Quizá sea otra cosa, la calidad del agua, la higiene...
Bien, voy a darme una ducha y salgo a desayunar.
Luego nos volvemos a 'ver' en este medio.
Abrazos!
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