martes, 17 de enero de 2012

La sangre nueva...

Hoy ha sido un día importante. Hemos podido cruzar Lima, esa ciudad con un tráfico endiablado, después de dos horas de intenso estrés en medio de los pitazos de cientos de automovilistas.
Y digo 'hemos' por lo que sigue: ayer lunes, mientras rodaba de Nazca hacia Ica, me topé en el camino con un motero que conducía una máquina más chica que la mía: Suzuki 125 c.c. Conversando un poco me contó que venía de Argentina. Córdoba, exactamente. Partió de su ciudad hará unos 20 días y piensa recorrer suramérica a la inversa de mis planes. Es decir, sube a Colombia, cruza Venezuela y se devuelve por Brasil, Paraguay, Uruguay..., el plan completo.
Y apenas es un jovencito de 20 años que hace su primer viaje en moto de largo aliento; casi 20,000 kilómetros hasta la vuelta a su casa.
Si así es a su edad, cuando tenga la mía habrá cruzado el orbe varias veces...
En fin, después de charlar un poco más decidimos hacer camino juntos hasta Colombia. 
El 'pibe' está entusiasmado.  No le asusta el viaje, ni las distancias, ni los peligros que pueda encontrarse por el camino. Estos muchachos se crían con un espíritu fuerte y están listos para irse de casa a la menor oportunidad. Además, tiene un papá motero que acaba de irse hacia la Patagonia  y que alienta las iniciativas de su hijo...
Me recuerda a mi hijo. Diego Francisco está a punto de cumplir los veinte.  Me gustaría verlo recorriendo el mundo en los años venideros..., no necesariamente en moto. Hace falta que a uno le guste el tema de los motores, el camino, la soledad de la pista y el riesgo...
Gastón Marcó, así se llama el 'pibe' motero tiene ya pensada su próxima ruta. Quiere recorrer Africa, cómo les parece amigas y amigos de este blog.
La tarde nos 'pilló' en Huancho, a dos horas de Lima; más tranquilo, relajado, sin la locura que padece una ciudad de casi 11 millones de habitantes donde el 'claxon' parece el medio (eso creen) de abrirse paso entre el tráfico. Exasperante, absurdo y enfermizo...
Mis cálculos arrojan que en unos tres días estaremos tocando suelo ecuatoriano. Esta vez la ruta será costera. Playa, brisa y mar hasta Esmeraldas.  Luego, vuelta a la sierra hasta Quito y de ahí a buscar la frontera con Colombia pasando por Ibarra.
Unos cuatro días más...
Mientras manejaba esta mañana pensaba lo siguiente: tras sesenta días de conducción casi continua me habituaré de nuevo a la vida tranquila del pueblo, a pasar mucho tiempo en un mismo sitio..., o me habrá inoculado ya el bicho del viaje;  habré contraído la enfermedad del nómada y me negaré a permanecer más de lo necesario en algún sitio..., habitará en mí sangre gitana...¿?
Es una sensación rara pero al mismo tiempo es una sensación interesante;  más que interesante, de mucha espectativa. No saber con precisión el sitio al que te conducirá el día siguiente, la gente que verás, el espacio donde habrás de pasar la noche, la comida (si la hay), el obstáculo por salvar.
Y conociendo el relato de viajeros jóvenes como el que me acompaña, que apenas inicia su tour por el camino de la vida, me entran terribles ganas de aprovechar hasta el último aliento para vistar los lugares que aún no conozco.
Chao!
 

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