domingo, 29 de enero de 2012

En moto..., y por qué en moto ¿?

No han sido pocas las veces que me han interrogado sobre el particular. En especial las personas que tienen escasa o ninguna relación con esos vehículos de dos ruedas que parecen más asunto de cirqueros que otra cosa.
Para muchas y muchos el solo hecho del equilibrio les parece tema de malabaristas.
Y la respuesta se remonta unos treinta años atrás.  Caramba, me asusta pensar que ya pasaron treinta años...
Recién iniciaba la secundaria. Colegio técnico industrial 'Francisco de Paula Santander' en Puente Nacional - Santander,  Colombia (para más señas).  Los colegios técnicos como seguramente conocen tienen distintas modalidades, entre ellas mecánica automotriz.
Una cierta pasión por los motores y las máquinas que se mueven con motores fue el punto de partida.
Hablo de comienzos de los ochenta.  Hablo de caminos en tierra,  de estudiantes que iban y venían por el plantel, de un pueblo iluminado a medias, de un cine que era la ventana hacia el mundo que había fuera de nuestro pequeño entorno.
Varios de los muchachos que asistían al colegio tenían motocicleta;  llegaban en su máquina desde el campo o desde algún pueblo vecino. Llegaban zumbando, cubiertos de polvo en el verano o de barro cuando llovía. Y yo les observaba fascinado.
Dos ruedas, un motor, la silla,  el faro, los mangos, un chasis como de cicla..., pero más rápido y potente.
Ahí, en ese punto de mi historia  comencé a tener cariño por las motos.
En adelante no perdí oportunidad de acercarme a ellas, de indagar, de viajar como pasajero o, si  había oportunidad, de darle encendido a alguna que hubiera quedado por ahí descuidada para darme una vuelta.  Tal cual:  si no me la prestaban había que tomarla!
Unos años más tarde llegó el primer carro a la casa (a nuestra casa) y la fiebre motera pareció quedar en el olvido.  Ahora los esfuerzos, el cuidado y la consideración eran para aquel Renault 6 que tanto buen paseo nos dio.
Hace unos cuatro años, y pasados bastantes desde aquellas épocas de colegio, tuve ocasión de adquirir una motocicleta.
Y ni siquiera con el propósito viajero que hoy me anima. No. Se trató de un tema logístico y que por costos resultaba mejor.
Pero ese gusto por las motos que había alimentado en mi niñez no había muerto. Al contrario, surgió como un fénix y me impulsó a hacerme 'motero'.  Al principio cortos recorridos en la región, visita a los pueblos, paseo de domingo...
Luego me animé a rodar hasta Bogotá y supe que podía intentar cada vez mayores distancias.
Vino lo de unos amigos que como yo habían soñado alguna vez con lo de suramérica y quién dijo miedo..., eso también se podía hacer en moto!
Entonces viene este viaje que acabo de terminar y que me deja en resumidas cuentas, las siguientes:
- La sensación de libertad que proporciona viajar en motocicleta no la da ningún auto, por sofisticado que sea.
- Las motos son máquinas sencillas que pueden repararse fácilmente y ponerse de nuevo en el camino (al menos motos como la mía).
- A pesar del esfuerzo, del cansancio, de los inconvenientes del clima o de la vía, el final de una jornada es algo que se recibe con aprecio.
- En la moto cargas lo necesario para sobrevivir determinado período de tiempo.  Es como si llevaras la casa a cuestas.  Y hay que llevar lo justo, nada más.
- Una mañana o una tarde de sol, con viento suave y paisaje variado, son la cosa más bella que puede pasarle a un conductor de motocicleta. El placer de conducción a través de una tranquila vía junto al mar, en medio de la montaña, por algún camino de tierra.., es inigualable.
- En jornadas de todo un día tras el timón, los espacios para pensar, para revisar lo que ha sido tu vida son ideales.
- Y además no tienes que estar pidiendo consentimiento a nadie para detenerte en el sitio que te vino en gana para hacer la foto del día, tomarte un sorbo de agua, vaciar la vejiga o, hacer una siesta bajo la sombra fresca de un árbol.

Chao, que descansen!

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