Acabamos de regresar a casa de Ricky. Ricky Júarez es una persona que conocimos el día de nuestra llegada a Jujuy. Luego de hora y media buscando hospedaje, un taxista nos dio la clave para hallar el sitio dónde alojarnos a precio módico. Como el hostal no tiene 'cochera', el dueño del sitio nos recomienda un lugar cercano y añade: pregunten por Ricky y digan que yo los envío. Así dimos con Ricky.
Al presentarnos en el parqueadero, Ricky se alegra al saber que somos colombianos y empieza a relatar sus viajes a Colombia. Ha estado en tres oportunidades, la ha recorrido de punta a punta y siente enorme afecto por el país, por su gente.
La última vez que visitó Colombia fue víctima de un robo y además de perder todo su dinero se quedó sin pasaporte. Pensando en qué hacer para regresarse a Argentina, habló con algunos de sus amigos en nuestro país que de inmediato se movilizaron para ayudarle. Al poco tiempo tenía ya documento de nuevo y dinero para sufragarse los gastos de viaje. Este y otros gestos hacen que Ricky quiera a Colombia como a su segunda patria.
Ese amor lo transmite a los visitantes que provienen del país y nosotros no somos la excepción.
Enseguida comienza a llamar a sus amigos para contarles de nuestra presencia, las motos en que viajamos y el recorrido que llevamos hasta ahora. Se maravilla..., él tiene una Honda Falcon de 400 c.c. y desea fervientemente volver a pisar tierras colombianas.
Esto que les narro pasa el lunes 2 de enero. Hoy es jueves 5. Como a las motocicletas hay que hacerles mantenimiento buscamos un taller de servicio Honda y nos piden que les esperemos de un día para otro. Tienen demasiado trabajo.
'Se van a tener que quedar', advierte Ricky; 'y como yo les he hablado a mis amigos de ustedes y su viaje, queremos invitarles a un asadito, para que se conozcan y conversen un poco'.
Luego comienzan a aparecer los amigos de Ricky. Primero Luis, un joven que administra vehiculos de servicio publico. Luego Enrique, un industrial que tiene su negocio de suspensiones para vehiculos pesados. Formidables personas. Al igual que Ricky, Luis y Enrique son moteros. Lo mismo que Ricky, se muestran muy amables con nosotros. Enrique decide acompañarnos hasta el sitio donde estan las motocicletas; luego que las hemos reclamado y tras pagar los costos del mantenimiento, nos vamos a su negocio, ubicado cerca del lugar. Alli nos presenta a su esposa y a uno de sus hijos. Gentiles, cordiales...
En la noche nos encontramos con los amigos de Ricky que conocemos y otros que todavnia no nos han presentado. Unas 10 personas nos hemos juntado en el garaje de Enrique. Y empieza el asunto de la comida. Con el fuego puesto y el chorizo a punto de asado, se da inicio a una formidable cena. Historias, chistes, anecdotas, burlas...,
Dejenme decirles que la amabilidad, el cariño, la generosidad de estas personas, supera todos los prejuicios que hayamos podido tener frente a los argentinos. Y es que acogen como si fuesemos parte de su propia familia.
Despues que hemos cenado viene la ronda de recomendaciones, posibles rutas a realizar, sus historias de viaje. Como esta decidido que vayamos hacia sSalta, ellos se ofrecen para acompañarnos parte de la ruta, hasta que lleguemos a sitio donde no haya extravio en el camino.
Tanta gentileza nos conmueve, intentamos unas palabras de agradecimiento y sentimos que quedan cortas frente al trato recibido.
Si este es un preludio de lo que nos espera en el pais gaucho, alcanzamos a imaginar como seran las cosas en lo sucesivo.
Bendiciones para todas y todos quienes han hecho de nuestro viaje una experiencia de vida.
Hasta pronto...
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